| Paul B. Preciado |
He aquí tres momentos de la historia política del cuerpo: la ascesis mística, el suplicio del condenado, Cambio radical. La modernidad podría ser entendida como un proceso de secularización del cuerpo. Si el cuerpo premoderno era un organismo cerrado habitado por la divinidad cuyo destino y significación estaba regido por los las leyes teológicas, el cuerpo moderno se caracterizará por expulsar progresivamente a Dios, aceptando al Estado y sus instituciones disciplinarias como nuevos inquilinos de la corporalidad. En los últimos dos siglos, el cuerpo progresivamente desalojado por lo sagrado, lo metafísico y lo estatal, cuerpo libre al riesgo de verse desencantado, se deja okupar por las fuerzas del capitalismo global.