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| Ilustración ARTE MAPACHE |
Confieso, he sentido vergüenza gorda en la cafetería vegana de mi ciudad. Fue fugaz, pero por unos segundos, antes de lograr disiparlo, me invadió el siguiente pensamiento: “Si pasara alguien por la calle y viera la incorrecta estampa vegana que supone mi cuerpo gordo sentado al lado de la ventana principal del local, seguro desistiría de entrar aquí... soy un mal ejemplo de vegana”. Me gustaría decir que la vergüenza gorda no suele invadirme en espacios antiespecistas; pero me invade, y lo seguirá haciendo mientras la gordofobia campe a sus anchas en ellos, en parte alimentada por los siguientes tres mitos:

