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| Catia Faria |
En general, nos parece mal matar e infligir sufrimiento innecesario a les demás si podemos evitarlo. También nos parece que si podemos hacer algo para ayudarles cuando están en necesidad, debemos hacerlo. Sin embargo, matamos y usamos a les demás animales para alimentación, ropa y entretenimiento, como herramientas de trabajo y experimentación. Les erradicamos en cuanto «plagas», «invasores» o «sobrepoblades» y les abandonamos en catástrofes, en el dolor y en la enfermedad. Se podría preguntar: ¿qué tenemos en la cabeza? Dado que una forma privilegiada de acceder a la cabeza de les demás es a través del lenguaje, intentemos averiguar qué tenemos en la cabeza observando cómo hablamos.

