lunes

Entrevista a SILVIA FEDERICI

Con ojo escrutador, la italiana Silvia Federici lleva más de 30 años estudiando los acontecimientos históricos que dieron lugar a la explotación social y económica de las mujeres. En su libro “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria” (Traficantes de sueños, 2010), fija su punto de mira en la violenta transición del feudalismo al capitalismo, donde se forjó a fuego la división sexual del trabajo y donde las cenizas de las hogueras cubrieron de ignorancia y falsedades un capítulo esencial de la Historia. Federici habla para Números Rojos desde su despacho del departamento de Historia en la Hofstra University de Nueva York sobre brujas, sexualidad y capitalismo, y se propone “revivir entre las generaciones jóvenes la memoria de una larga historia de resistencia que hoy corre el peligro de ser borrada”.
¿Cómo es posible que la matanza sistemática de mujeres no se haya abordado más que como un capítulo anecdótico en los libros de Historia? Ni siquiera recuerdo haberlo dado en la escuela…
Este es un buen ejemplo de cómo la Historia la escriben los vencedores. A mediados del siglo XVIII, cuando el poder de la clase capitalista se consolidó y la resistencia en gran parte fue derrotada, los historiadores comenzaron a estudiar la caza de brujas como un simple ejemplo de supersticiones rurales y religiosas. Como resultado de ello, hasta no hace mucho, pocos fueron los que investigaron seriamente los motivos que se esconden tras la persecución de las ‘brujas’ y su correlación con la instauración de un nuevo modelo económico. Como expongo en “Calibán y la bruja…”, dos siglos de ejecuciones y torturas que condenaron a miles de mujeres a una muerte atroz fueron liquidados por la Historia como producto de la ignorancia o de algo perteneciente al folclore. Una indiferencia que ronda la complicidad, ya que la eliminación de las brujas de las páginas de la historia ha contribuido a trivializar su eliminación física en la hoguera. Fue el Movimiento de Liberación de la Mujer de los años 70 el que reavivó el interés por la caza de brujas. Las feministas se dieron cuenta de que se trataba de un fenómeno muy importante, que había dado forma a la posición de las mujeres en los siglos venideros, y se identificaban con el destino de las ‘brujas’ como mujeres que fueron perseguidas por resistirse al poder de la Iglesia y el Estado. Esperemos que a las nuevas generaciones de estudiantes sí se les enseñe la importancia de esta persecución.
Hay algo, además, que inquieta profundamente, y es el hecho de que, salvo el caso de los pescadores vascos de Lapurdi, los familiares de las supuestas brujas no se alzaran en armas en su defensa después de haber luchado juntos en los levantamientos campesinos.
Desafortunadamente, la mayoría de los documentos que tenemos sobre la caza de brujas fueron escritos por aquellos que ostentaban el poder: los inquisidores, los magistrados, los demonólogos. Esto significa que puede haber ejemplos de solidaridad que no hayan sido registrados. Pero hay que tener en cuenta que era muy peligroso para los familiares de las mujeres acusadas de brujería que se les asociara con ellas y más alzarse en su defensa. De hecho, la mayoría de los hombres que fueron acusados y condenados por brujería eran parientes de las mujeres sospechosas. Esto, por supuesto, no minimiza las consecuencias del miedo y la misoginia que la propia caza de brujas produjo, ya que propagó una imagen horrible de las mujeres convirtiéndolas en asesinas de niños, sirvientes del demonio, destructoras de hombres, seduciéndolos y haciéndolos impotentes al mismo tiempo.
Expones dos consecuencias claras en lo referente a la caza de brujas: que es un elemento fundacional del capitalismo y que supone el nacimiento de la mujer sumisa y domesticada.
La caza de brujas, así como la trata de esclavos y la conquista de América, fue un elemento imprescindible para instaurar el sistema capitalista moderno, ya que cambió de una manera decisiva las relaciones sociales y los fundamentos de la reproducción social, empezando por las relaciones entre mujeres y hombres y mujeres y Estado. En primer lugar, la caza de brujas debilitó la resistencia de la población a las transformaciones que acompañaron el surgimiento del capitalismo en Europa: la destrucción de la tenencia comunal de la tierra; el empobrecimiento masivo y la inanición y la creación en la población de un proletariado sin tierra, empezando por las mujeres más mayores que, al no poseer una tierra que cultivar, dependían de una ayuda estatal para subsistir. También se amplió el control del Estado sobre el cuerpo de las mujeres, al criminalizar el control que estas ejercían sobre su capacidad reproductiva y su sexualidad (las parteras y las ancianas fueron las primeras sospechosas). El resultado de la caza de brujas en Europa fue un nuevo modelo de feminidad y una nueva concepción de la posición social de las mujeres, que devaluó su trabajo como actividad económica independiente (proceso que ya había comenzado gradualmente) y las colocó en una posición subordinada a los hombres. Este es el principal requisito para la reorganización del trabajo reproductivo que exige el sistema capitalista.
Hablas del control de los cuerpos: si en la Edad Media ejercían las mujeres un control indiscutible sobre el parto, en la transición al capitalismo “los úteros se transformaron en territorio político controlados por los hombres y el Estado”. 
No hay duda de que con el advenimiento del capitalismo comenzamos a ver un control mucho más estricto por parte del Estado sobre el cuerpo de las mujeres, llevado a cabo no solo a través de la caza de brujas, sino también a través de la introducción de nuevas formas de vigilancia del embarazo y la maternidad, y la institución de la pena capital contra el infanticidio (cuando el bebé nacía muerto, o moría durante el parto, se culpaba y ajusticiaba a la madre). En mi trabajo sostengo que estas nuevas políticas, y en general la destrucción del control que las mujeres en la Edad Media habían ejercido sobre la reproducción, se asocian con la nueva concepción que el capitalismo ha promovido del trabajo. Cuando el trabajo se convierte en la principal fuente de riqueza, el control sobre los cuerpos de las mujeres adquiere un nuevo significado; estos mismos cuerpos son entonces vistos como máquinas para la producción de fuerza de trabajo. Creo que este tipo de política es todavía muy importante hoy en día porque el trabajo, la fuerza de trabajo, sigue siendo crucial para la acumulación de capital. Esto no quiere decir que en todo el mundo los patrones quieran tener más trabajadores, pero sin duda quieren controlar la producción de la fuerza de trabajo: quieren decidir cuántos trabajadores están produciendo y en qué condiciones.
En España, el ministro de Justicia quiere reformar la ley del aborto, excluyendo de los supuestos la malformación del feto, justo cuando las ayudas a la dependencia han desaparecido.
En Estados Unidos también están tratando de introducir leyes que penalicen gravemente a las mujeres y limiten su capacidad de elegir si desean o no tener hijos. Por ejemplo, varios estados están introduciendo leyes que hacen que la mujer sea responsable de lo que le ocurre al feto durante el embarazo. Ha habido un caso polémico de una mujer a quien han acusado de asesinato porque su hijo nació muerto y luego se descubrió que había utilizado algunas drogas. Los médicos excluyeron el consumo de cocaína como causa de la muerte del feto, pero fue en vano, la acusación siguió su curso. El control de la capacidad reproductiva de las mujeres es también un medio de controlar la sexualidad de las mujeres y nuestro comportamiento en general.
Tú misma lo planteas: ¿por qué Marx no se cuestionó la procreación como una actividad social determinada por intereses políticos?
Esta no es una pregunta fácil de responder, ya que hoy nos parece evidente que la procreación y crianza de los hijos son momentos cruciales en la producción de fuerza de trabajo y no por casualidad han sido objeto de una regulación muy dura por parte del Estado. Creo, sin embargo, que Marx no podía darse el lujo de ver la procreación como un momento de la producción capitalista porque se identificaba con la industrialización, con las máquinas y la industria a gran escala, y la procreación, como el trabajo doméstico, parecía ser el opuesto de la actividad industrial. Que el cuerpo de la mujer se mecanizara y se convirtiera en una máquina para la producción de fuerza de trabajo es algo que Marx no podía reconocer. Hoy en día, en Estados Unidos al menos, el parto también se ha mecanizado. En algunos hospitales, obviamente no los de los ricos, las mujeres dan a luz en una línea de montaje, con tanto tiempo asignado para el parto, si exceden ese tiempo se les hace una cesárea.
La sexualidad es otro tema que abordas desde un punto de vista ideológico, siendo la Iglesia quien promovió con gran virulencia un férreo control y criminalización. ¿Era tan fuerte el poder que confería a las mujeres que continúa ese intento de control?
Creo que la Iglesia se ha opuesto a la sexualidad (aunque siempre lo han practicado a escondidas) porque tiene miedo del poder que ejerce en la vida de las personas. Es importante recordar que a lo largo de la Edad Media, la Iglesia también estuvo implicada en la lucha para erradicar la práctica del matrimonio de los sacerdotes, que lo veían como una amenaza para la conservación de su patrimonio. En cualquier caso, el ataque de la Iglesia sobre la sexualidad siempre ha sido un ataque a las mujeres. La Iglesia teme a las mujeres y ha tratado de humillarnos de todas las maneras posibles, retratándonos como el pecado original y la causa de la perversión en los hombres, nos obliga a esconder nuestros cuerpos como si estuvieran contaminados. Mientras tanto, se ha tratado de usurpar el poder de las mujeres, presentando al clero como dadores de vida e incluso adoptando la falda como vestimenta.
En una entrevista afirmas que sigue teniendo lugar una caza de brujas ¿Quiénes son los herejes ahora?
Ha habido caza de brujas desde hace varios años en diferentes países africanos, así como en la India, Nepal, Papúa Nueva Guinea. Miles de mujeres han sido asesinadas de esta manera, acusándolas de brujería. Y está claro que, como en los siglos XVI y XVII, esta nueva caza de brujas se conecta con la extensión de las relaciones capitalistas en todo el mundo. Es muy conveniente tener campesinos luchando unos con otros mientras que en muchas partes del mundo estamos viviendo un nuevo proceso de cercamiento, con la privatización de la tierra y un gran saqueo a los medios básicos de subsistencia. También hay pruebas de que parte de la responsabilidad de esta nueva caza de brujas, que a su vez se dirige especialmente a las mujeres mayores, debe atribuirse a la labor de las sectas cristianas fundamentalistas, como el movimiento pentecostal, que han traído de nuevo al discurso religioso el tema del diablo, aumentando el clima de sospechas y el miedo existente generado por el dramático deterioro de las condiciones económicas.
“Omnia sunt communia!”, “Todo es común”, fue el grito de los anabaptistas cuya lucha y derrota, como cuentas en el libro, fue barrida por la Historia. ¿Sigue siendo igual de subversivo ese grito?
Ciertamente lo es, ya que estamos viviendo en una época donde sunt omnia privata. Si las tendencias actuales continúan, pronto no habrá aceras, ni playas, ni mares, ni aguas costeras, ni tierra, ni bosques a los que podamos acceder sin tener que pagar algo de dinero. En Italia, algunos municipios están tratando de aprobar leyes que prohíben a la gente poner sus toallas en las pocas playas libres restantes y esto es solo un pequeño ejemplo. En África, estamos siendo testigos de las más grandes apropiaciones de tierras en la historia del continente por parte de empresas mineras, agro industriales, agro-combustibles… La tierra africana se está privatizando y las personas están siendo expropiadas a un ritmo que coincide con el de la época colonial. El conocimiento y la educación se están convirtiendo en mercancías disponibles solo para aquellos que pueden pagar e incluso nuestros propios cuerpos están siendo patentados. Así que omnia sunt communia sigue siendo una idea radical, aunque hay que tener cuidado de no aceptar la forma en que está siendo usado este ideal distorsionado, por ejemplo, por organizaciones como el Banco Mundial, que en nombre de la preservación de la ‘comunidad global’ privatiza las tierras y los bosques y expulsa la población que ganaba su sustento de ello.
¿Cómo se podría abordar la cuestión de los comunes actualmente?
El tema de los comunes es cómo crear un mundo sin explotación, igualitario, donde millones de personas no se mueran de hambre en medio del consumo obsceno de unos pocos y donde el medio ambiente no sea destruido, donde la máquina no aumente nuestra explotación en vez de reducirla. Este creo que es nuestro problema común y nuestro proyecto común: crear un mundo nuevo.

Entrevista realizada por Maite Garrido y publicada en la revista Números Rojos

viernes

CICATRICES DE LO REAL por MAURO CABRAL


Imagen: Del La Grace Volcano
 Su nombre, su apariencia, su estética; lo que es y lo que produce Del La Grace Volcano es un temblor en el corazón de eso que se percibe como lo real. Una sola de sus imágenes es capaz de derrumbar la tranquilizadora certeza de que en el mundo hay hombres y mujeres y a la vez alumbra otro, el mismo, donde los cuerpos se arrogan su propia belleza.

Lo he pensado y pensado. No hay otro modo de decirlo. Las fotografías de Del La Grace Volcano enloquecen a la gente. Lo sé porque las he mostrado durante años, en todas partes, y he visto cómo la gente las mira, y lo que le ocurre al mirarlas. Al exponerse al poder de esas imágenes la gente, simplemente, enloquece. Lo primero que se les desquicia es la mirada, y luego se les descoyunta el rostro entero. Podría decirse, por ejemplo, que la gente ve y no comprende lo que está viendo. Y que ese no comprender es la locura. Pero no. La locura es que, efectivamente, lo están viendo. Daría lo que fuera necesario dar por saber qué es lo que les pasa debajo de la ropa. Daría lo que fuera por verlo. Y ni que hablar por tocarlo.


Hay quienes creen que su trabajo es, en esencia, una suerte de oficio antropológico. Con eso quieren decir, básicamente, que su obra puede ser reducida a un registro comprometido, bello y audaz, de personas y modos de vida lejanos, ajenos, y tal vez hasta en peligro de extinción. Yo creo, sin embargo, que ni su trabajo como fotógrafo ni el trabajo de sus fotografías en la cultura pueden confundirse con la antropología visual de una realidad enloquecedora. Y es que –debe quedar claro desde un principio– Del no registra esa realidad: la produce. Más aún, la encarna.

Hay que hacer la prueba. Animarse a abrir alguno de sus libros. Atreverse a entrar en su página, a mirar de frente, en la oscuridad o con buena luz, una fotografía tras otra. Quizás, al principio, se instale el reconocimiento de una estrategia cultural y política habitual. Visibiliza. Pone ahí, al alcance de la vista y del tacto, la existencia terrible de un mundo escondido –la belleza desafiante de butches masculinas como ninguna, la extensión impensada de clítoris endurecidos por la testosterona, la espiral identitaria y expresiva de drag kings de todos los tamaños y todos los estilos, el resplandor oscuro del sadomasoquismo, de sus cultores, de sus objetos… Todo está ahí, por supuesto, pero ¿puesto? Nada de eso.

 La cámara de Del es una máquina del tiempo. Destroza instantes o, mejor dicho, la realidad como ilusión de un instante. ¿La masculinidad real? Mirá de nuevo. ¿Ese cuerpo, el de una mujer, el de un hombre, el de un ser humano? Mirá de nuevo. ¿Ese hueco, ese dedo, ese anillo, ese aro? Volvé a mirar. Te lo aseguro. En serio, te lo aseguro. Nada, pero nada, que puedas dar por dado y por sentado permanecerá quieto ante tu mirada una vez que te expongas al mundo tal y como él lo mira. Ante tus ojos verás desplegarse –eso también te lo aseguro– las tecnologías que incesantemente fabrican y sostienen la verosimilitud de tus ficciones más reales. Esa a la que llamás cuerpo. Esa, tan querida, a la que llamás la diferencia natural entre los sexos. Y ni que hablar de esa otra –pongámosle un nombre, pongámosle deseo.
Soy un sádico. Me encanta ver a la gente retorcerse, iluminada por el brillo incandescente de sus imágenes. Ver cómo las personas se enfrentan, por ejemplo, a la contundencia feroz del torso hermafrodita que Del retrata en blanco y negro. Y entonces las veo –cualquiera podría verlas– escarbar en la memoria, buscar, buscar… ¿dónde vieron, alguna vez, algo como eso? Y ¿a dónde podrían ir a buscarlo, esa misma tarde, para atrapar entre los dedos algo más que la superficie gozosa, pero plana y distante, de la foto? Las personas se retuercen, por ejemplo, ante las escenas que repiten, una y otra vez, un dilema que angustia y excita: cuerpos con tetas, barba y pijas que parecen artificiales y que sin embargo, al parecer, gozan –y no es que quienes las poseen gocen, es que las pijas, bueno… es lo que parece, ellas, gozan–. Se estrellan, las personas, contra los ejemplos y contraejemplos fotográficos de una masculinidad siempre múltiple y diversa –a un tiempo ridícula, solemne, imposible, difícil de creer cuando más creíble resulta, masculinidad recia o mariconcita, con y sin hormonas, con o sin pinchila, penetrada o sin penetrar, absurda cuando más auténtica, verdadera cuando más prostética.
Y él, claro. Él mismo. Cada autorretrato suyo desarma cualquier pretensión de certeza. Una y otra vez se trasviste de sí mismo, haciendo pasar su cuerpo bajo la lente de los años, de la androginia, de la futurología, de la masculinidad de los hombres y de la de las mujeres, de las conchas vueltas personalidad o vueltas vestido. Del diseña aquello que los y las mortales –jamás hermafroditas– dan en llamar naturaleza. Y hace de ese diseño su carne, su verdad y la del resto, la madre floreciente de todas las verdades, hasta que la siguiente fotografía trace la cicatriz de lo real en otro sitio. Al verlo transformarse, foto tras foto, aquello que se deshace no es, como podría pensarse, la materialidad de su existencia. Lo que se deshace, más bien, es aquella otra ilusión –la de la materialidad indudable del sentido de cualquier existencia.
Escribía Walter Benjamin: “Precisamente porque la autenticidad no es susceptible de que se la reproduzca, determinados procedimientos reproductivos, técnicos por cierto, han permitido al infiltrarse intensamente, diferenciar y graduar la autenticidad misma”. En una cultura enferma hasta la locura de anhelos de autenticidad, donde identidad se impone como el final y el principio, sus fotografías elevan a la carcajada hasta los modos más seriecitos de lo auténtico. Divierten. Emocionan. Confunden. Calientan. Liberan. Contaminan. Contaminan la mirada de quien las mira y, contaminándola, cambian para siempre el mundo en el que comienza a vivir quien ve aún antes de apartar la mirada.
“Como artista visual accedo a las tecnologías de género para amplificar antes que borrar los trazos hermafroditas de mi cuerpo. Yo me nombro a mí mismo. Un abolicionista del género. Algunas veces, un terrorista del género. Una mutación intencional, un intersex por diseño propio (como oposición explícita al diagnóstico), en busca de distinguir mi viaje de los miles que dibujan otrxs intersex que sufrieron sobre sus ‘ambiguos’ cuerpos mutilaciones y desfiguraciones en un intento erróneo de ‘normalización’. Creo en cruzar la línea tantas veces como sea necesario hasta construir un puente por el que todxs podamos caminar.” Así se define Del La Grace Volcano en su página web: www.dellagracevolcano.com

Artículo de Mauro Cabral. Publicado en Página 12

jueves

MANIFIESTO DE LOS OSOS FEMINISTAS


El grupo Osos Feministas quiere recordar algunos temas sociales y políticos que nos preocupan, con este MANIFIESTO:
– Los osos jugamos con la masculinidad, y nos sentimos atraídos por ciertas características de la misma. Pero eso no significa que apoyemos comportamientos misóginos u homófobos. Expresamos aquí nuestro rechazo a todas las formas de discriminación contra la mujer y rechazamos cualquier actitud de plumofobia (odio contra actitudes afeminadas en los hombres homosexuales o heterosexuales, o en personas trans, drags o queers).
– Los Osos feministas expresamos nuestra preocupación por el aumento de la violencia contra las mujeres, que está matando a miles de mujeres cada año, y pedimos medidas urgentes para poner fin a esta situación y la solidaridad del movimiento LGBT.
– Los Osos feministas declaramos nuestra solidaridad con la población inmigrante (migrantes, refugiados/as, solicitantes de asilo, etc.), y solicitamos el apoyo de las autoridades públicas, incluidas medidas específicas para ayudar a las mujeres migrantes.
– Condenamos todas las manifestaciones de racismo, xenofobia e intolerancia (incluyendo el antisemitismo, el antigitanismo, y otras formas de racismo, la islamofobia, etc.) que a menudo se observan en la sociedad, en los medios y también en algunos miembros del movimiento de osos.
– Los Osos Feministas pedimos a las autoridades educativas que actúen con decisión contra en acoso escolar / bullying, en particular el acoso contra las niñas, los niños mariquitas, las niñas marimachos y lxs niñxs trans. También les pedimos que incluyan contenidos feministas en el sistema de educación: en las escuelas, institutos y universidades, y formación de los maestros y los medios de comunicación sobre el feminismo.
– Los Osos feministas exigimos campañas específicas de lucha contra la discriminación que sufren las personas transexuales, y la despatologización de la transexualidad en las leyes de identidad de género y en los manuales médicos y de salud.
– Los Osos feministas demandamos campañas de prevención más frecuentes y explícitas contra el VIH y su estigma, incluyendo campañas dirigidas a las mujeres.
– Los Osos feministas denunciamos el sexismo, la misoginia, la homofobia, la lesbofobia, la bifobia  y la transfobia que todavía se dan en parte del movimiento de osos y el movimiento gay, y también en el discurso de algunos líderes religiosos y algunos partidos políticos.
– Los Osos feministas apoyamos la lucha contra toda forma de discriminación por motivos de sexo, origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad, orientación sexual o identidad de género.

Osos Feministas  en Facebook:

Manifiesto compartido del blog de Javier Sáez

viernes

DE LAURETIS BASICO por LAURA ARNÉS



Teresa de Lauretis es una de las teóricas más osadas del pensamiento feminista contemporáneo. Lesbiana, italiana (aunque vive en California) y políglota, también activista y docente, su obra es vasta y por demás audaz (que no se la cite lo suficiente es mero gesto egoísta de sus contemporánexs): intervino en el campo de los estudios cinematográficos, semióticos, filosóficos, psicoanalíticos y literarios, e irrumpió en la reflexión crítica con categorías que produjeron sismos en los estudios de género.

El género como tecnología (1987)

Casi todxs lxs que circulamos por el ambiente escuchamos hablar alguna vez de Judith Butler, de sus aportes acerca de que el género no es natural sino una construcción performática, una ficción reguladora que actúa sobre los cuerpos y que se instituye a partir de la repetición gestual y discursiva. Sin embargo, fue De Lauretis quien, en un artículo renovador del pensamiento feminista, insistió en que pensar el género como diferencia sexual (la mujer como “otro” del hombre) mantenía la teoría feminista atada a dicotomías patriarcales universalizantes. Fue ella quien, resituando un concepto foucaultiano fundante –el de “tecnologías del yo”–, propuso el término “tecnologías del género” para evidenciar que, como la sexualidad, el género tampoco es propiedad natural de los cuerpos sino el conjunto de efectos producidos por complejas tecnologías políticas como el cine, la literatura, la familia, las teorías, las políticas de Estado, las instituciones, etc. Así, el “género” es para esta autora el producto y el proceso de representación y autorrepresentación de esos modelos jerarquizados de masculinidad y feminidad difundidos por las formas culturales hegemónicas de cada época que todxs repetimos o, incluso, de las que nos desviamos (afirmando o negando, siempre se reconoce la norma, que salirse del sistema es imposible). En otras palabras: el género sería –para ella– un sistema de significados predicados e inscriptos sobre la (falaz) dicotomía conceptual de dos sexos biológicos. Pero De Lauretis afortunadamente no se queda ahí: su golpe maestro fue igualar “género” con “ideología” (Althusser). Prueben reemplazar los términos: la sustitución funciona cada vez.

Sujeto feminista (1987)

Mucho pensó De Lauretis sobre las condiciones y posibilidades de(l) ser feminista (creo que es Elizabeth Grosz es quien mejor retoma sus reflexiones). Fue hace un par de décadas, es cierto, pero volver a leerla en profundidad nos haría mucho bien. A partir de su discusión con otras teóricas, llegó a la conclusión de que el “sujeto feminista” es quien rechaza, no puede ser sino un sujeto en proceso de definición constante: no hay a priori posible que señale “lo feminista” (la mirada siempre tiene que ser situada, localizada. La universalidad es imposible). Pero, además, el sujeto feminista es muy consciente de estar siempre dentro y fuera de la ideología del género: “siempre será en-gendrado allí”. Es decir, “en otra parte”. Esa es su paradoja. Así, para el sujeto feminista, habitar la contradicción, tensionar la negatividad crítica de la teoría y la positividad afirmativa de sus políticas es no sólo condición histórica de existencia sino la condición teórica de su posibilidad. Pero hay otro detalle: para De Lauretis “es a través del feminismo que la identidad lesbiana puede ser asumida, hacerse discurso y articularse en concepto político”.

Decir lesbiana (1987/1994)

En “Sujetos excéntricos” De Lauretis sostuvo, y en esto seguía a Monique Wittig, que el término “lesbiana” no se refiere, sencillamente, a una mujer lesbiana. Es, en cambio, el término conceptual y teórico de una forma de conciencia feminista que sólo puede existir en el “aquí y ahora”, una posición “excéntrica” alcanzada por medio de prácticas de desplazamiento político y personal a través de los límites de las identidades sociosexuales, y entre cuerpos y discursos. Pero –como es su costumbre– De Lauretis no se quedó allí. En 1994, retoma a Freud para reflexionar en torno del lesbianismo desde otro ángulo. Seguirá sosteniendo que “lesbianismo” es una estructuración particular de un deseo que potencia al sujeto sexuado mujer y que representa la posibilidad de acceso a una sexualidad no recuperable por una economía libidinal falocéntrica. Es decir que no sólo sería autónoma respecto del varón, sino que implicaría una producción diferente de referentes y de significados. Pero, además, va a reconocer que la identidad sexual no es ni innata ni simplemente adquirida, sino dinámicamente (re)estructurada por formas de la fantasía –privadas y públicas, conscientes o inconscientes– que están culturalmente a disposición y son históricamente específicas. Es en este punto que se enfoca en lo que llama “teoría negativa de la sexualidad freudiana” en busca de un modelo formal de “deseo perverso” que dé cuenta de las representaciones del lesbianismo en las ficciones culturales.

El sí a la teoría queer (1991)

Aunque en general no se lo diga, fue De Lauretis quien acuñó el concepto “teoría queer” en una conferencia que dictó en la Universidad de Santa Cruz, California, en 1990. Su intención era reinventar los términos en que se pensaba lo sexual. Era una apuesta, sobre todo, política. La palabra “queer” circulaba en las calles desde los ochenta y fue un gesto deliberadamente disruptivo y escandaloso juntarlo con el “alto” concepto de “teoría”. Sus objetivos, como nota David Halperin, eran, básicamente, dos. En primer lugar, procuraba crear un sistema que permitiese dejar de pensar las sexualidades disidentes como algo marginal en relación con una forma de la sexualidad (la heterosexualidad) estable y dominante, frente a la cual podía ser definida por oposición u homología. Esto implicaba que las “homosexualidades” no debían ser vistas como transgresoras o desviadas o como el “estilo de vida opcional” que el pluralismo norteamericano defendía, sino que podían ser reconceptualizadas como formas socioculturales emergentes con términos propios. En segundo lugar, buscaba poner en evidencia los presupuestos heterosexuales y generizados que sostiene toda la teoría y la enseñanza en los circuitos académicos.
Esta propuesta, evidentemente, permitió reabrir la discusión relativa a la relación entre género y sexualidad que había tenido cierto auge en décadas anteriores, inauguró mayores posibilidades para los estudios trans-género y aquellos relativos a sexualidades SM y BDSM, y habilitó la visibilidad de expresiones no normativas del género y la sexualidad.

El no a la teoría queer (1994)

Sin embargo, sólo tres años después de haber propuesto el nuevo término, De Lauretis se retracta y retorna, insistentemente, al término “lesbiana”. A su criterio, la teoría queer se había convertido, rápidamente, en una “criatura conceptualmente vacua, funcional a políticas editoriales”. Llamativamente, dice, la teoría que proponía abrazar lo “anormal”, que sostenía fundamentos radicales (anti-identitarios y anti-asimilacionistas) había sido absorbida por la academia y el mercado como nunca lo habían sido los Estudios Gay/Lésbicos (supuestamente liberales y serviles al statu quo). Pero, además, sospechosamente, “queer” se auspiciaba a sí mismo como una suerte de concepto más avanzado, superador no sólo de los estudios gay/lésbicos sino, también, del feminismo. Gesto que, claramente, no podía aceptar. Y, sin embargo, el debate sigue hoy estando acá. Sobre la mesa.

RECOMENDADOS

Sus libros fundamentales son Alice Doesn’t: Feminism, Semiotics, Cinema (1984) –traducido como Alicia ya no, 1992–; Technologies of Gender: Essays on Theory, Film, and Fiction (1987) –traducción parcial en Mora, Nº 2, 1996– y The Practice of Love: Lesbian Sexuality and Perverse Desire (1994), el último gran relato, que cruza psicoanálisis y feminismo lesbiano.

Artículo compartido de Página 12

miércoles

TERRORISMO MACHISTA por JAVIER SAÉZ DEL ALAMO


La historia de la palabra “terrorismo” tiene que ver con quien tiene el poder de escribir. En eso radica el poder, en ocupar la posición de escribir (la historia) o de dar sentido a las palabras, según convenga.
A finales del XVIII la palabra “terrorismo” era utilizada por la propaganda monárquica para criticar al gobierno jacobino de la Revolución Francesa. Durante la Segunda Guerra mundial los nazis utilizaban esa palabra para calificar a la Resistencia. Los EEUU la utilizaban en los 70 y 80 para definir a los movimientos guerrilleros que luchaban contra las dictaduras (que apoyaban y financiaban los EEUU). En España se utiliza desde los años 70 para definir las acciones de grupos armados que por medio de atentados intentan desestabilizar el Estado (ETA, Grapo, etc.).
Las acciones armadas que realiza el gobierno israelí contra la población civil palestina no es terrorismo, según el lenguaje dominante actual. La intervención de EEUU en Vietnam, donde asesinaron a 2 millones de personas (civiles), no es terrorismo. Como tampoco lo es el lanzamiento de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. De hecho en las noticias de esta semana sobre el aniversario de esos bombardeos, los telediarios hablaban de que “se lanzaron las bombas”. Así, en impersonal. “Cayeron” bombas, del mismo modo que, a veces, llueve. No citaban qué gobierno las fabricó y lanzó.
Como vemos, terrorismo es un término flexible. Por eso yo voy a utilizarlo a mi manera, definiendo el terrorismo como un estado social donde un grupo de personas vive situaciones de terror. Y me refiero a la violencia machista.
Un país donde cientos de mujeres son maltratadas por sus parejas o ex parejas diariamente es un país que mantiene una situación de terror colectivo, el que experimentan todas esas mujeres. No es un terrorismo planificado o dirigido por el Estado o por un grupo organizado, pero es un estado de terror. No nos referimos sólo a lo más visible, el hecho terrible de que en España es asesinada una mujer cada semana (de media, pero a veces más). No “muere”, como dice a veces la TV de forma impersonal. Lo repito: es asesinada Sólo ese dato debería poner en alarma a todo el país, y a todo un gobierno.
Pero si además añadimos los escalofriantes datos de denuncias diarias (347 al día en 2014), de órdenes de protección (se dictan 51 al día), las 28.000 condenas al año, y las casi 600.000 mujeres que sufren esa violencia cada año, vemos que estamos viviendo en un Estado que tiene un gravísimo problema, donde una importante parte de su población femenina vive aterrorizada, sufriendo violencia cotidianamente, y lo que es peor aún, con una gran impunidad en lo que se refiere a los agresores. A esa situación la denomino terrorismo machista. Los datos de este artículo de Miguel Lorente no dejan lugar a dudas:
El gobierno anterior tampoco logró una aplicación efectiva de la Ley Integral contra la Violencia de Género, como demuestra el excelente informe que redactó María Naredo para Amnistía Internacional:
Por eso toda banalización de la violencia machista es una colaboración con ese terrorismo. Las manipulaciones neomachistas sobre “denuncias falsas” suponen una colaboración con ese terrorismo. La pasividad e inacción del gobierno ante estos casos es cómplice de ese terrorismo. No hay funerales de Estado por esas mujeres, ni declaraciones del Presidente, ni hay un pacto de Estado contra la violencia machista. Conceder sólo el 16% de las medidas de protección solicitadas es colaborar con ese terror. Reducir las medidas de asistencia a las víctimas, las casas de acogida, las subvenciones a ONGs  y los programas que trabajan contra esta violencia, es colaborar con el terror. Y mirando más allá, a las raíces sociales y culturales de este problema estructural: no educar en feminismo a niños y niñas, que no haya programas de igualdad en las escuelas e institutos, no cuestionar la cultura patriarcal y heterocentrada en que vivimos, es también una grave carencia que está en la base de esa banda de machitos que sólo saben resolver el abandono o la crisis de pareja asesinando a su mujer o su ex mujer (que, a pesar de ese “su”, no es suya; y quizá ahí está parte del problema, en esa cultura del amor romántico, basado en los celos y la posesión). A la jerarquía de la iglesia, a la que tanto le gusta meterse en la vida de las personas, tampoco la hemos visto nunca manifestarse contra la violencia machista. Y equiparar la violencia de género que sufren las mujeres con un presunto “maltrato a los hombres”, como hace la Policía de Madrid, es una grave ofensa a las víctimas:

Aquí el patriarcado tiene un papel fundamental. Si 600.000 hombres españoles sufrieran violencia cada año, otro gallo cantaría. El gallo cantaría. Eso sí sería un “problema de Estado”, o un problema de “terrorismo”. Pero en esta país quienes escriben las leyes, quienes juzgan los casos y quienes dirigen el sistema educativo, están inmersos en esa cultura patriarcal. Y no sólo ellos. Tampoco hay una renovación feminista en los partidos o agrupaciones de izquierdas, ni en las ONGs, cuyas cúpulas siguen siendo copadas casi al 100% por varones, y donde el feminismo y la igualdad de género casi nunca es una prioridad.
Por eso es urgente una reacción colectiva contra este estado de terror. El principal problema de este país es la violencia de género, y mientras no lo coloquemos todos y todas en la primera línea de nuestra agenda política, estamos colaborando con esta forma de terrorismo silencioso.

Artículo compartido del blog de Javier Saéz

martes

ODA AL COÑO DE ANNIE SPRINKLE por ITZIAR ZIGA


La última vez que las vi, Annie Sprinkle y su novia Beth Stevens estaban dando una conferencia conjunta sobre sus trayectorias como artistas, cuando en un momento dado estas dos mujeres cincuentonas y risueñas se volvieron locas. Soltaron los micrófonos y se pusieron a follar encima de la tarima como lobas en celo. Se entregaban al placer animadas por un público cómplice, hasta que luego de unos minutos la música volvió a relajarse. Annie y Beth recuperaron la verticalidad y la palabra.
Que dos mujeres post–menopáusicas follen en medio de una conferencia sobre arte feminista dentro de un museo y en católicas tierras vascas es, para mí, un paraíso con el que jamás me atreví a soñar.
Cuando yo empezaba a pensar cómo desestructurar nuestras jornadas y conferencias, no había oído hablar de Annie, no sabía que para ella, feminista como es, el orgasmo femenino, tan menospreciado en el porno, era una prioridad. Otra de sus famosas obras consiste en subir en el escenario a un buen número de mujeres y enseñarles a acabar con la respiración, como maestra de ceremonias lúbrica que es, ante el deleite del público. Yo entonces no sabía que Annie fue trabajadora sexual fuera de la cámara, que es una gran defensora de la seguridad y de la dignidad de las putas y que batalló en aquellos oscuros años de la era Reagan cuando las feministas antipornografía se aliaron con la derecha, por la libertad sexual de las mujeres.
Tuve la suerte de conocerla hace cinco años en Barcelona en el Maratón Posporno. El Macba estaba a rebosar de admiradoras suyas y ella nos cautivó con Mis treinta años de puta multimedia. Oírla relatar sus correrías como actriz, directora de porno, artista, show–woman y doctora en sexología me produjo tanto placer que empecé a menstruar allí mismo como perra en celo. Entonces Annie nos explicó “que posporno es material sexual explícito, que no es necesariamente erótico, suele ser más irónico, más político, más experimental, más espiritual, más feminista, más alternativo, más intelectual que el porno. También está hecho para excitar, pero no únicamente a los hombres, y también está hecho para experimentar, pensar, dialogar”. Y concluyó la conferencia con el grito: “Si no os gusta la pornografía que existe, cread vuestro propio porno”. 

Artículo compartido de Página 12

lunes

Entrevista a VIRGINE DESPENTES



Once años entre ‘Fóllame’ y ‘Bye bye Blondie’. En esta última has trabajado con Beatrice Dalle, Emmanuelle Béart… De entrada parece un proyecto mucho menos marginal. ¿Está el mundo exterior más preparado para afrontar una película de Virginie Despentes ahora que entonces?Fóllame era una película barata si la comparamos con el cine comercial, pero en realidad la productora era más importante que la de Bye Bye Blondie, más grande. Son proyectos diferentes pero que tienen algo en común: se trata de hacer películas que no estén sometidas a la propaganda de género. Los personajes femeninos no hablan ni actúan como si tuvieran que demostrar su feminidad y los masculinos son tratados como normalmente se las trata a ellas; son secundarios. La industria del cine se basa sobre todo en contarnos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal respecto al tema del género; las películas nos enseñan cómo ser mujer o cómo ser hombre. Por eso la mayoría de directores, productores, distribuidores, críticos, etcétera, etcétera, son hombres. Lo que me interesa como directora, pues, es salirme de ese corsé. Mujeres airadas, zorras, viejas, mujeres altas, mujeres solteras… Esos son los personajes que me interesan. Y me interesa tratarlos de forma distinta a como se hace habitualmente.

‘Bye Bye Blondie’ narra una relación lésbica, que es lo que ha hecho de ‘La vida de Adèle’ el boom de la temporada. ¿Ser mujer y homosexual es un doble handicap? ¿Doble tabú?
En Bye Bye Blondie el tabú más importante que trato de romper no es necesariamente esa historia de amor lésbico, sino trabajar con actrices sin necesidad de que se desnuden, porque en una película como ésta es lo que se espera. Se espera de mi cine, pero también de ciertas actrices jóvenes que se supone que deben andar siempre enseñando su cuerpo. Es como el peaje que tienen que pagar para estar en el cine: tienen que enseñarlo todo. Pues aquí tienes una comedia lésbica que no se la pondrá dura a los hombres. Porque está claro cuál suele ser el leit motiv de hacer películas sobre lesbianas: ponérsela dura a los tíos hetero. En ese aspecto la película de Kechiche es propaganda comercial pura y dura. El mensaje está claro: sí, las lesbianas son mujeres normales, ¡que se abran de piernas y nos pongan cachondos! Pero hay análisis más positivos que se pueden hacer de La vida de Adèle, como que es siempre una buena noticia poder ver a dos mujeres besándose. No se hacen muchas películas sobre tíos homosexuales. Debe ser el miedo al deseo homosexual; los tíos hetero no quieren que se les tiente. 

 
Película "Bye bye blondie" de Virgine Despentes

Entonces, tanto en el cine como en la literatura, cada vez que vemos o leemos una historia sobre lesbianas es en realidad la fantasía lésbica de un hombre…El cine y la literatura son terrenos diferentes. Una directora de cine tiene el derecho a rodar lo que le dé la gana, pero más le vale cruzar los dedos si pretende encontrar financiación y salas que proyecten sus películas si no se ciñe a la propaganda que te comentaba. Esto quizá explique por qué hay tantas directoras no heterosexuales que sin embargo siguen contando historias sobre gente hetero. O por qué es tan difícil dar con películas sobre mujeres que sean verdaderamente radicales. Con las escritoras es distinto. Desde Violette Leduc, en la posguerra, que no podía publicar nada, hasta nuestros días con Jelinek, Kathy Ackers, Annie Erneaux y tantas otras, las cosas han cambiado, eso hay que reconocerlo. Pero no podemos decir que exista igualdad, ni remotamente. Siempre es más difícil que las escritoras aparezcan en los tratados de literatura; es más fácil dejar de lado a determinada autora. Así que el trabajo que hacen no recibe el mismo trato que el de los hombres. Volviendo a tu pregunta, sí, la mayoría de los personajes femeninos son representaciones de fantasías creadas por y para hombres. Eso sirve tanto para una lesbiana, como para una jovencita, una radical, una madura, una gorda…

Algo que se suele decir de ti: eres muy extrema, muy ‘hardcore’…
Yo no considero que mi trabajo sea extremo. No concebimos Fóllame, por ejemplo, como una película extrema; estábamos haciendo una película punk, no esperábamos una reacción tan bestial. Fóllame no es ni más ni menos extrema que muchas otras películas underground, a excepción hecha de que se trata de dos mujeres que llevan armas y nunca se someten a la autoridad o al control de los hombres. Cuando co-dirigía Fóllame nunca pensé en cómo la encajaría un tipo de mediana edad que ama la ópera y sólo lee literatura rusa del siglo XIX; pensaba que su público sería gente a la que le gustan Dead Kennedys, Crass, las primeras películas de Abel Ferrara. Nuestra intención era seducir a ese tipo de público, no sacar de sus casillas al amante de la ópera. Bye Bye Blondie es más de lo mismo desde ese punto de vista: no pensé en cómo reaccionaría la comunidad heterosexual, pensaba en las lesbianas y en qué pocas películas divertidas y positivas se hacen cuyas protagonistas sean lesbianas, con su final feliz y sin hacer juicios de valor sobre la sexualidad. De todas formas, no me da miedo el escándalo. Aprendes mucho sobre la profesión cuando te ves enredada en un escándalo, pero no conviene repetir la ‘operación’ demasiado a menudo porque entonces puede que todo se venga abajo y acabes resentida y frustrada. A largo plazo ese tipo de energía te desgasta. Una tiene que dirigirse a su público, a su gente, y quizá luego llegues a otras personas, pero ante todo creo que lo mejor es trabajar para los tuyos.

¿Hay artistas que utilizan el escándalo por el escándalo? Que buscan ante todo el shock, no tanto el mensaje. Artistas con una visión, si quieres, hedonista o superficial de los extremismos. Podríamos hablar de John Waters, G.G. Allin, Rei Kawakubo…
Yo no calificaría a Waters de hedonista o superficial. También puedes interpretar sus películas como manifiestos de supervivencia. Si no encajas en ninguno de los estereotipos que están bien vistos en Estados Unidos, si eres gordo, o fea, si eres ‘basura blanca’, o una ninfómana, puede que necesites películas como las de John Waters en las que prima la incorrección. Diría que a John no le importa el gran público, la gente ‘normal’; él hace películas para los inadaptados, y les muestra todos sus respetos.

¿Y a ti que es lo que te deja en estado de shock como espectadora, o como lectora?
La verdad es que no soy una especialista en ese tipo de material. Soy demasiado mayor como para pasarme noches enteras viendo películas de terror o cosas muy extremas, sin embargo me gusta cuando me cuesta encajar un libro o una película, cuando me siento amenazada por mi propia reacción. Cuando Kechiche llegó a Cannes con La vida de Adèle muchos periodistas franceses dijeron (antes de ver la película): “Este será el típico escándalo del año en Cannes”. ¿Escándalo? Sólo porque dos chicas tienen una historia de amor. Nadie diría que La vida de Adèle es escandalosa si fuera una película sobre heterosexuales. A Bye Bye Blondie le pusieron el cartelito de “prohibida a menores de 12 años”, lo que quiere decir que no pueden pasarla por televisión antes de medianoche. En la película no hay violencia, no hay crudeza de ningún tipo… Lo que censuran es que dos mujeres se besen. Entonces, ¿dónde está el escándalo? ¿acaso las lesbianas se besan en Bye Bye Blondie o en La vida de Adèle porque quieren que el público católico se rasgue las vestiduras? Desde luego que no. Tú escribes una historia y después es la gente a la que esa historia ni les va ni les viene la que se escandaliza. ¿Es Saw extrema? Quizá lo sea si nunca has visto una película de terror en tu vida. Por lo demás, es sólo eso, una película de terror para la gente a la que le gusta ese tipo de cine. Están preparados para lo que se les viene encima. Es una cuestión de códigos. Así que me da igual si en una película o en un libro hay material extremo. Si una película hace que te replantees tus sentimientos, o si un libro te hace pensar… De eso se trata, ¿no? Lo que más me cabrea es que ya nadie quiere financiar proyectos que sean radicales. Hoy en día ni John Waters ni Almodóvar podrían hacer películas como las que hacían al principio. Se nos ha impuesto el cine familiar, y a muchos no nos interesa ver películas que podrías ver con niños, queremos ver películas adultas. Pero ya no se pueden hacer.

El día que hablaron de autocensura en el colegio, tú no estabas en clase. ¿Cómo se sobrepone uno a la certeza de que eso que estás escribiendo va a cabrear a mucha gente? Que va a afectar a tu reputación…
Es que quien tenga ese tipo de dudas lo que debería hacer es no dedicarse a escribir. Puede que cuando acabas un libro pienses en esos a los que puedes hacer daño, a los que estás atacando, pero mientras lo estás escribiendo se supone que debes estar concentrada y tener las ideas claras. Qué quieres expresar, qué es eso que te avergüenza y qué quieres poner en palabras, qué es lo que te provoca rabia… No puedes pensar en el impacto que va a tener lo que escribes mientras lo estás escribiendo. Ya es una tarea bastante dura escribir, porque nunca llegas a plasmarlo todo como querrías, como para encima llevar todo ese ‘equipaje’ extra. Y tu reputación no debería preocuparte mientras escribes o diriges una película. Si tu reputación te preocupa, mejor que trabajes en otra cosa. 

Virgine Despentes cabrea a esa gente que hace que Virgine Despentes escriba las cosas que escribe. ¿Esto es una paradoja? ¿Un círculo vicioso?
No creo que debas escribir ‘contra’ nadie. Eso es hacer propaganda; significa que estás antes al servicio de un poder concreto que tratando de conectar con la complejidad del mundo. Yo me dirijo a la gente que creo capaz de entender lo que digo, gente con la que comparto sentimientos. Existe el lector perfecto: el que tienes dentro de tu cabeza y de tu corazón mientras escribes. Pero cabrear a otra gente… Eso es distinto. Todo el mundo cabrea a alguien. No creo que ni Britney Spears, ni Rihanna o Miley Cyrus traten de cabrear a nadie, y aun así lo hacen. Es parte de su trabajo. Incluso Matt Damon o J.K. Rowling tienen enemigos. Para no provocar reacción alguna en nadie lo mejor que puedes hacer es quedarte en tu casa, no decir nada (ni siquiera en internet) ni tratar de expresar nada. A la gente le encanta odiar a tal cantante, a tal escritor, a esa actriz, a ese director. Mostramos nuestra hostilidad y no tiene ninguna consecuencia. Es una forma sencilla de definir tu personalidad. Es cuando tratas temas importantes o controvertidos cuando llegan las consecuencias: el aborto en España, las políticas económicas en Francia, los bancos, el medio ambiente. Los políticos, esos sí que son un escándalo; los que destruyen la vida de mucha gente a diario. Y preferimos centrarnos en Justin Bieber, y odiarle, o en David Lynch. Es más seguro odiarles a ellos. Odiar a quienes de verdad hay que odiar es más complicado que echar mierda sobre una estrella del pop.

Odio, esa es otra palabra que te encasquetan a menudo cuando tratan de definir lo que haces. Y el odio es una energía muy poderosa. Ahora bien, ¿se puede colmar el odio? ¿Mediante la venganza, quizá?
Te preocupas demasiado por lo que dicen de mí. (Risas) A mí me da igual. Aunque eso no quiere decir que desprecie a esa gente. No es obligatorio leer mis libros ni ver mis películas. Aquí estriba la diferencia entre lo que yo hago y lo que hacen los políticos. Si comparas mi trabajo con los grandes éxitos de Hollywood de los últimos años… A su lado soy la emperatriz Sissy brincando por un campo de amapolas. Y desde luego lo que yo hago es ‘paz y amor’ comparado con las políticas del FMI. Mi trabajo es puro amor comparado con la forma de gobernar de Rajoy. En mis primeros libros y mis primeras películas lo que hay no es odio, es ira. La ira y la violencia no es algo que yo buscara, es algo que se me impuso, y me llevó mucho tiempo cambiar mi forma de pensar. No me siento culpable por estar llena de ira cuando era joven. Sigo pensando que era la respuesta adecuada a este sistema en que vivimos, por la poca libertad y dignidad que me dejaba. Las mujeres somos tan agresivas y sentimos tanta ira como cualquiera, porque estamos sometidas a las mismas humillaciones y frustraciones. Esa imagen de la mujer como alguien amable y cariñosa, como buena esposa y madre atenta… Eso es basura. Claro que nos cabreamos. No nos faltan motivos. Lo que pasa es que a nosotras se nos castiga más por cabrearnos.

¿La violencia o la agresividad no tienen nada que ver con el género?
Desde luego que no. En absoluto. 

No te gusta que juzguen tu obra como la obra de una mujer. Pero, ¿puede un hombre reflejar la complejidad femenina? O a la mujer, sin más… Sin la ‘complejidad’.
No creo en eso de la complejidad femenina. ¿Eso sería lo contrario de la masculinidad? Yo pienso en la gente, sin más. En personas. Unas son más listas, otros son más pacientes, hay quien anda muy confundido por la vida… No veo que eso tenga relación con los genitales. No veo a las embarazadas como criaturas misteriosas que vagan por el mundo sin que la gente sepa lo que sienten. Se expresan en los mismos términos que todo el mundo, y son capaces de compartir sus experiencias. Y la propia experiencia del embarazo cambia radicalmente de una mujer a otra. Todo esto de que se geste una vida en la barriga es fascinante, pero no hay ningún misterio. Eso sí, si las mujeres escribieran sobre el embarazo los críticos no se tomarían esos libros en serio. Hay que ser condescendiente con cualquier temática femenina, ya sabes… 

Les dices a las mujeres que se vean a sí mismas como individuos, porque eso que llamamos ‘feminidad’ hace que, en última instancia, se sometan a la voluntad masculina.
Bueno, yo a las mujeres no les digo nada, no les pido nada. Yo soy tratada como mujer, y no hay alternativa. De ahí es de donde nació King Kong Theory. Preferiría no estar en el equipo femenino pero, ¿tengo alternativa? Una actitud crítica puede ser de mucha ayuda cuando te definen y te tratan como a un ciudadano de segunda clase. El Feminismo es un movimiento muy joven. Dejemos que pase tiempo y que podamos definirnos como mujeres, imaginarnos como mujeres, como nos plazca; sin sentirnos amenazadas, juzgadas y despreciadas. 

Pero en ese intervalo de tiempo llega la estrella adolescente de turno y adopta el viejo rol de objeto sexual delante de 500 millones de espectadores, la mayoría más jóvenes que ella, casi niños…
La cultura pop lleva más de 15 años haciendo referencias constantes a la prostitución o al porno. Se visten como putas, bailan como strippers, tienen la actitud de estrellas porno… Supongo que fue Madonna la que lo inició todo, y después Britney Spears, Christina Aguilera, Beyoncé, Paris Hilton… La inmensa mayoría de las estrellas pop van por ese camino. ¿Vuelven a ganar los hombres? Bueno, Miley Cyrus no sólo pone cachondos a los hombres, también pone cachondas a las niñas. Si tienes diez años, pues sí, es posible que quieras ser esa puta sexy que hace temblar el planeta con sus caderas. Es más emocionante que ser la típica mamá preparando bizcochos en la cocina. Pero las cosas con las que sueñas cuando eres una niña no tienen mucho que ver con lo que luego vas a ser de adulta. Todos cambiamos. El problema que yo le veo a esto es que se sigue enseñando a las chicas que lo más importante del mundo es complacer a los hombres. No es lo peor a lo que las niñas están expuestas. Lo peor es que se les inculca la idea de que a muchas se nos mata simplemente por ser mujeres. Se nos mata en la calle, en la casa, cuando salimos a correr, en el bosque… Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, eres una víctima en potencia. Te pueden atacar sólo porque eres mujer. Esto es lo peor que se le puede inculcar a una niña, en mi opinión.

¿Has podido confrontar ideas como las que expones en ‘King Kong Theory’ con mujeres que no comulguen necesariamente con tu forma de ver las cosas? Antagonistas, incluso…
King Kong Theory’ pertenece a la cultura feminista; es sólo un puntito en el enorme mapa del feminismo occidental. Supongo que con quienes más ha conectado ha sido con mujeres que han sufrido una violación. A cualquiera le pueden violar. Muchas hemos pasado por eso. No tiene nada que ver ni con tus ideas, tu estilo de vida o tu personalidad. Lo mismo te digo respecto a la prostitución, que es algo que afecta a cualquier mujer que no haya nacido en una familia rica. Quizá un día necesite dinero, y en la prostitución se puede ganar dinero. Más mujeres de las que nos imaginamos se han metido en la prostitución cuando eran jóvenes. Lo bueno es que si no quieres no tienes por qué hablar de ello ni contárselo a nadie; pero es bastante más habitual de lo que creemos. Así que no sé cómo reacciona la gente ante el libro, ni cuál es la reacción ‘típica’. Eso sí, me sorprendió la cantidad de mujeres que se interesaron por el libro y que, en principio, parecían vivir cómodas dentro del sistema patriarcal.
¿Qué hay de los hombres? ¿Qué opina el hombre medio de ‘KKT’?No conozco al hombre medio pero, por experiencia, diría que los hombres son infinitamente más radicales que las mujeres cuando piensan en el feminismo. Muchos hombres creen que si las mujeres aceptan el patriarcado eso es porque de alguna manera (ellas) sacan ventaja de ese statu quo. ¡No se sorprenden en absoluto cuando nos cabreamos! Es lo mismo que piensan los ricos y los empresarios de los proletarios: deben sentirse bien viviendo en ese sistema, si no reaccionarían. Normalmente los opresores piensan que hay un cierto grado de sumisión y aceptación dentro de esos a los que oprimen.

¿Hay una guerra entre hombres y mujeres? ¿Qué opinas de las feministas que adoptan una postura a lo Malcolm X? Malcolm no aceptaba fácilmente la colaboración de ningún blanco, por muy buenas que fueran sus intenciones…
La verdad es que la forma en que murió Malcolm X fue bastante paradójica a ese respecto. Pero bueno… No tengo ni idea de qué tipo de negra habría sido. Quizá hubiera sido muy beligerante con los blancos. Bajo ciertas circunstancias una actitud desafiante es comprensible. Hay conexión entre el feminismo y los movimientos negros; el feminismo se inspiró en la lucha por los Derechos Civiles. Y quizá los movimientos negros, los movimientos homosexuales y los feministas, al menos hasta los años 90, fueron los que más hicieron por cambiar la mentalidad de la gente. Fueron batallas políticas en las que se logró muchísimo. No creo que haya una guerra entre mujeres y hombres pero, obviamente, cuando tú ganas algo tu opresor lo pierde. En Occidente la masculinidad se ha construido sobre la sumisión de la mujer. Y de los animales. Tenemos mucho en común las mujeres y los animales; se nos usaba para lo mismo, hacer que los hombres se sintieran más machos. Pero creo que es beneficioso para un hombre dejar de lado su masculinidad, que muchos no se identifican con ese arquetipo de tío insensible, violento, fuerte, y puede que conquisten algunos campos importantes si se cuestionan su masculinidad. Tienen tanto que perder y que ganar como nosotras. La pregunta es, ¿estamos felices con la situación actual? Muchos de nosotros no lo estamos. Y el feminismo, como el movimiento Queer o las cuestiones post-colonialistas, no se puede separar de este sistema ultra liberal en el que vivimos. Quien quiera cuestionar el sistema liberal tal y como lo conocemos tendrá que cuestionarse también los derechos de la mujer, el tema racial, la heterosexualidad, el modelo de familia, etcétera, etcétera…

Ese movimiento Queer que acabas de mencionar, corrígeme si me equivoco, sostiene que no hay diferencia entre con uno u otro sexo. Es la sociedad, los padres, el entorno, lo que en realidad nos define como niños o niñas. ¿Hay base científica para eso? ¿La única diferencia entre un hombre y una mujer es puramente fisiológica?Supongo que la Teoría Queer tiene en cuenta que hay hombres con penes tan pequeños que casi no se les puede llamar pene, o que algunos niños al nacer no tienen su sexo definido del todo, que algunas mujeres tienen úteros que jamás podrán engendrar vida, que otras tienen más testosterona que cualquier hombre (o viceversa)… La Teoría Queer aplica esa complejidad, esa diversidad, a la identidad sexual. Igual alguien se siente muy seductora y femenina de adolescente, luego se vuelve agresiva y dura, y diez años después cambia a otra cosa. Todo depende. Yo no me siento femenina en absoluto. ¿Por qué debería insistir en ser así? ¿Para ser como los personajes que salen en la televisión? A las niñas se les empuja a crecer de acuerdo a determinados modelos; la típica chica que se viste de rosa, algo putilla, arribista y no demasiado brillante. Pasa lo mismo con los niños; tienen que saber pelear, les tienen que gustar las armas y, si pueden, tienen que ligarse a sus amigas. No hay evidencias científicas para la teoría Queer, pero si ves un cuerpo humano no te dice mucho de la persona en sí. Si ser una mujer es ser fértil, ¿qué hacemos con las mujeres estériles? ¿Cómo les llamamos? ¿Qué hacemos con las mujeres de más de 50, o con las que se acuestan con otras mujeres y no quieren tener hijos? ¿Y qué hacemos con las mujeres que tienen relaciones con hombres estériles? ¿Siguen siendo mujeres o hay que llamarlas de otra forma? ¿A los hombres estériles o a los ancianos que ya no son útiles para la reproducción debemos llamarlos de otra manera?

¿Cómo explica la teoría Queer la transexualidad? Si el quid de la cuestión está en el entorno, la educación… ¿por qué un hombre iba a sentirse mujer o viceversa? Sobre todo teniendo en cuenta que el principal argumento de transexuales y homosexuales para defender su orientación sexual es que nacieron así…
La pregunta adecuada sería: ¿y por qué no? ¿Por qué se le da tanta importancia a si un chico quiere vestir de rosa? O que un adulto quiera dejarse el pelo largo y maquillarse. ¿Qué más da si una chica prefiere que le llamen Bob en vez de Alice? Nuestro certificado de nacimiento no es sagrado. ¿Por qué se le piden explicaciones a los transexuales? Ellos saben lo que sienten y lo que quieren, no hay nada que explicar. Tu cuerpo no le pertenece al gobierno, ni a la guerra, ni a la reproducción. Tu cuerpo te pertenece a ti; eres tú el que va a morir dentro de ese cuerpo. Si uno puede cambiarse de sexo y quiere hacerlo, pues perfecto. Yo me crié en el este de Francia, en una familia obrera. Dejé mi ciudad y ahora no pertenezco a la clase obrera, escribir y dirigir películas no era el tipo de trabajo que se hacía en mi familia. No tengo ningún problema con eso. No siento que tenga que justificarme por no haberme conformado con un modelo de vida como el de mi familia. Con la identidad sexual es lo mismo; cambia de sexo si te da la gana, si puedes. A lo mejor el cambio te viene bien.

¿No hay un cierto conflicto de intereses, o una contradicción, entre el feminismo y teorías como esta? O bien defiendes el feminismo (y a las mujeres), o bien defiendes una teoría que echa por tierra todo lo aprendido acerca del género…
No, no hay contradicción; pero hay muchos movimientos feministas, algunos incluso opuestos entre sí. Hay feministas que creen firmemente que debería prohibirse la prostitución y otras que opinan que primero hay que saber qué opinan las prostitutas. No hay un solo feminismo, una sola voz. Hay muchas voces. Y me parece bien, así deben ser las cosas. Tampoco hay una visión única del sistema capitalista. Hablamos de intentar entender las estructuras de la opresión. Se puede analizar desde muchos puntos de vista.

Bueno, supongo que si hay algún conservador en la sala lleva un rato perdido. Hablemos de algo que los conservadores conocen mejor y disfrutan más: la pornografía. Ahora se ha puesto de moda lo que algunos llaman ‘porno para mujeres’. ¿Qué te parece? ¿Qué diferencias ves entre ese tipo de porno y el porno de toda la vida? ¿El porno para mujeres se parece más a la realidad, a lo que de verdad sucede entre un hombre y una mujer en la cama?
El porno es un género, exactamente igual que el terror o la ciencia ficción. No tiene por qué basarse en algo real. De hecho nunca se ha basado en la realidad. Esa no es la misión del cine, en todo caso de los documentales. El problema del porno es que, esté hecho por hombres o por mujeres, es un producto que nace en un sistema económico muy concreto con leyes e impuestos que hacen imposible que nadie pueda crear buen porno. Si se le diera al porno el mismo estatus que se le da a una película de terror se haría muy buen porno. Muy bueno, sí señor. Y unas películas serían totalmente diferentes de las otras. Pero incluso así nos encontraríamos con los mismos problemas que existen en el cine comercial; mujeres retratadas por hombres, siempre incidiendo en ese sentido de la sumisión. Lo cual no convertiría al porno en algo peor que las películas de acción o las de terror.

¿No había en los 70, en los albores de la industria, una concepción más artística del porno? En contraposición a lo que tenemos ahora: películas hechas en habitaciones de hotel con los medios indispensables y por supuesto sin ningún tipo de trama.
Te digo lo mismo: dinero, leyes, impuestos, internet, censura… El porno que vemos pertenece a una industria acorralada, es algo prohibido. No puedes hacer buenas películas sin dinero. El sexo es bonito en pantalla grande. Es fantástico excitarse con las imágenes y los sonidos del sexo. No hay nada de morboso. La masturbación es una buena actividad. ¡Cambiemos las leyes y disfrutemos de buenas películas porno! 

Fóllame no era una película porno, pero había sexo explícito. ¿Por qué es tan raro ver sexo real en películas no pornográficas? Podemos ver a Mel Gibson zumbándole a alguien con un bate de béisbol, pero no le veremos ‘zumbándose’ a nadie, no sé si me explico. ¿El viejo doble rasero de Hollywood?
Supongo que si no hubiéramos metido esas escenas no habrían censurado la película. Pero el sexo no era el único problema, también suponía un problema que Karen (Lancaume) y Raffaëla (Anderson) fueran trabajadoras sexuales, y que Coralie, la co-directora, también lo fuera. Uno de los mayores tabúes que quisimos romper fue ese muro que separa a las actrices porno de los actores convencionales. A mucha gente le da miedo que las trabajadoras sexuales hablen, porque saben una o dos cosas sobre el mundo en el que vivimos. Y Karen y Raf no sólo hablaban, también mataban, lo que significa que adoptaban el típico rol masculino. El equivalente, en pantalla, a la desnudez femenina es la violencia masculina. Es muy difícil que una actriz con una carrera larga no se haya desnudado nunca en pantalla o que un actor no mate nunca a nadie en una película. Nosotras rompimos esa barrera, pero el cine no es el lugar apropiado para cuestionar los roles sexuales. Todo lo contrario: el cine es el que crea esos roles y nos los mete en la cabeza como si fueran lo más natural del mundo.

¿No es lo mismo rodar esas escenas de sexo sin mostrarlo todo? La vieja teoría de que es mejor sugerir que enseñar…
Nosotras estábamos adaptando un libro. En el libro había sexo, así que, ¿por qué no rodarla así? ¿Por qué hay que esconder los genitales? ¿Qué tienen de malo una polla o un coño? O una polla penetrando en un coño. Todavía sigo esperando que alguien me lo explique. Matanzas, torturas… Eso está perfecto, y además la gente lo recibe de buena gana, sobre todo el público más joven. Pero, ¿una polla? ¡Que llamen a la policía! … De verdad, no lo entiendo. Mucho menos hoy en día, con todo ese porno en internet y todos esos críos viendo las cosas más extremas sin entender de la misa la mitad. Sin embargo seguimos sin poder ver una polla en la pantalla grande. No tiene sentido. 

En tu última novela hasta la fecha, Apocalypse Bebé, haces una suerte de retrato de la sociedad francesa actual a través de las vidas de diferentes mujeres. ¿Es hora de volver a tomar la Bastilla?
Hace ya más de doscientos años de la Revolución Francesa. Yo no me iría tan lejos en la historia… 

Pero, ¿crees que la violencia es a veces necesaria para cambiar las cosas? Tal vez Luis XVI y María Antonieta no habrían dejado Versalles si las masas se lo hubieran pedido ‘por favor’…
El problema no es matar o rechazar la violencia, el problema es: ¿tienes un mundo mejor en mente? ¿Cómo sería ese mundo? ¿Qué tipo de vida es esa por la que vas a pelear? Lo peor que está pasando ahora mismo, para mí, es que han atacado y destruido nuestros sueños y nuestras utopías. Es momento de reinventar esos sueños, de desear otras alternativas, abrir nuestras mentes. El viejo mundo está tocado de muerte, se está apagando ante nuestros ojos. De hecho, ya está más que acabado. Confieso que a mí la violencia me atrae, pero ojalá no fuera así. La violencia es el lenguaje de los dominantes. Adaptarse a eso no es la mejor estrategia. Una vez que adoptas ese lenguaje de la dominación, ¿qué es lo siguiente? Sólo un cambio de cara. Nuevos jefes, nuevas leyes, nuevos polis, un nuevo tipo de control… Eso no sirve para nada. Si la violencia sigue siendo el argumento principal, ¿qué más da quién la ejerza?

¿Cómo se lucha contra un sistema que, en última instancia, utilizará sus fuerzas de seguridad, sus armas, contra la ciudadanía?
No confío en las armas. Las armas son como la cocaína. Coges una y ya te sientes poderoso. No hace falta mucho aprendizaje. Da igual qué tipo de persona seas, funciona así. Como las drogas duras. Pero exactamente igual que las drogas, una vez que estás metido de lleno en ellas, ¿qué haces? Pierdes el entusiasmo, la alegría, renuncias a tus valores, te deprimes… Si tienes un arma te conviertes en un soldado. Es excitante, a todos nos gusta ver el miedo en los ojos de nuestros enemigos, todos queremos que corra la sangre de los que nos dominan, pero, repito, ¿qué hacemos después? Después seremos un nuevo ejército, sólo habremos cambiado las caras de los que ostenta el poder y esos usarán sus armas para perseguir a otra gente. Perfecto. Pero ya estamos en un mundo así. ¿No será mejor buscar un modelo distinto?


Entrevista compartida de PEMagazine

miércoles

LA MÁQUINA DE DUDAR

El barroco título del libro es una dirección de correo electrónico que la autora otorga a quienes la leen, una contraseña para situar las cosas en la red de la tecnociencia, esa matriz generadora en la que no todos sus actores son científicos e ingenieros.

viernes

¿SALIR DE DÓNDE?

Salir del armario, aparecer en público, ofrecerse a los otros, a su mirada, a sus oídos, a su sensibilidad, con una “identidad” que desafía el orden heteronormativo que organiza la realidad... 

miércoles

(NO) TODO SIGUE IGUAL por ITZIAR ZIGA




Aveces nos resistimos a reconocer las mejoras que nosotras hemos provocado. Y nos quedamos bloqueadas entre un enrarecido estamos igual, incluso peor que siempre, y el discurso reaccionario que proclama hipócrita que el machismo ya pasó. Esta paradoja no es nuestra, mejor no caer en ella.