"Voces transgresoras. Una memoria queer de la cultura insumisa" de Eduardo Nabal y Juan Argelina
La reescritura de la historia es imprescindible, no solo para abrir grietas a través de lo fantástico o lo improbable, sino también para atrevernos a lanzar una mirada «queer» y feminista como desafío al canon heterocentrado, tal y como podemos interpretar ahora a la «mujer pantera» con su secta de «hermanas serbias», poniendo de relieve su sentido de pertenencia lesbosocial, al igual que vemos los ecos de Virginia Woolf en la obra de escritoras como Jeanette Winterson, siempre moviéndose entre el tiempo y el espacio, regresando a la fuente que representó Mary Shelley para dibujar un futuro sombrío en manos de hombres que se enriquecen fabricando muñecas sexuales y que esperan la inmortalidad en la criogenización.
