La escritura como tal me ha acompañado siempre, incluso sin serconsciente de ello. Recuerdo que una profesora de filosofía, en 4o de la ESO, habló del “matrimonio” homosexual así, con las comillas, y yo lo que hice fue, además de increparle el gesto en mitad de la clase, escribirle un texto sobre ello. Con 18 años monté IFIS, la primera asociación LGTB del norte de Madrid, que estuvo en activo 3 o 4 años y para la que también escribía un blog. Creo que sin ser consciente ha formado parte de mí siempre, pero mi proceso más activo ha sido al ir descubriendo cómo todas las estructuras de opresión que nos rodean se entrelazan tremendamente. Primero aprendí cómo funcionaba el especismo, y ese descubrimiento, ese abrir los ojos me dejó perpleje: cómo algo tan evidente me había pasado desapercibido durante toda mi vida, una vida en la que siempre había afirmado que me gustaban les animales y no quería verles sufrir y, aún así, yo participaba activamente en esa opresión. Después enlacé con el feminismo y más activamete con la lucha LGTBIQA+ por entender que el feminismo se me quedaba corto y que yo no teníamuy claro dónde ni qué me sentía exactamente. De ahí fui interesándome por otras realidades hasta el punto de que ahora me resulta muy difícil escribir sin mencionar esas conexiones violentas constantemente. Cuando empiezas a verlas, no se pueden dejar de ver.
2- En el libro hablas de las distintas opresiones a través de referentes
como Silvia Federici, Simone de Beauvoir, Carol J. Adams o Melanie Joy,
entre otres pensadores, aunque no todes son necesariamente
antiespecistas. ¿Qué aporta este cruce de pensamientos al análisis sobre
los sistemas de opresión y cómo lo conectas con el especismo?
Cualquier persona que hable de un sistema de opresión, sea el especismo,
el racismo, el patriarcado o el capitalismo, está hablando, en esencia, de lo
mismo. Cada uno tiene sus matices y sus principales afectades o víctimas,
pero la cuestión es cómo algunes, que suelen ser hombres blancos y cis,
pero no sólo, y esto es muy importante, ocupamos posiciones de poder
mientras otres sufrimos los sistemas de manera que aumente la
desigualdad y los beneficios de unes poques. Lo que a mí me interesa es
evidenciar esos paralelismos con la intención de que sea cada vez más
patente que a todes nos atraviesan privilegios y desigualdades, que no
somos sólo víctimas sino también quienes causamos ese dolor. He leído a
las autoras que mencionas pero también a Angela Davis, Anahí Gabriela
González, Oyèrónkẹ Oyěwùmí y otres, y siento que la base de seres que se
benefician de otres se repite constantemente, con la diferencia de que el
antropocentrismo está instaurado a niveles mucho más profundos.
Creo que, quizá, si evidenciamos constantemente los vínculos de las
diferentes opresiones, la lucha será más efectiva, pasando por lo que a
cada cual le atraviese o le mueva más pero sin dejar de lado las diferentes
realidades y las posibles alianzas que quizá no estamos llevando a cabo.
Me parece muy interesante esto último, porque siento que es algo que
estamos viendo cada vez como más necesario ya que existe una
fragmentación real, o quizá una diferencia entre los ámbitos que nos
mueven y otros que quizá nos interesan pero en los que no participamos
activamente, y eso no tiene que conllevar una distancia necesariamente.
Quizá deberíamos darle más importancia a actos como no solapar
actividades o movilizaciones, participar en lo que otres compas organicen
en sus ámbitos, o a un activismo quizá más pasivo (como, por ejemplo, no
consumir animales aunque no hagamos un activismo antiespecista porque
nuestras fuerzas van hacia otro lado) pero que puede tener un impacto
frente a la ola fascista que se viene desde hace unos años y que funciona,
siempre y sin descanso, como una fuerza unida en sus creencias. Nosotres
tenemos que actuar igual, ser un bloque frente a las opresiones aunque
diversifiquemos nuestras fuerzas o nuestros activismos. Es difícil porque
no queremos renunciar a nuestros privilegios, aunque digamos que sí,
pero tenemos que ponernos las pilas y asumir el vínculo que lo entrelaza
todo o nos espera un futuro muy turbio.

3-Analizas el papel que han tenido el capitalismo y la acumulación de
capital en la creación y mantenimiento de distintas opresiones. Sin
embargo, otros sistemas y movimientos emancipadores, como los
diferentes comunismos o incluso algunas corrientes anarquistas,
tampoco han incorporado plenamente la cuestión animal y, en muchos
casos, tampoco han logrado acabar con otras formas de dominación que
afectan a las mujeres*, las personas racializadas, las personas con
discapacidad o las disidencias. ¿Crees que el origen de estas opresiones
va más allá del sistema económico? ¿Dónde situarías entonces la raíz del
problema? Y, si realmente queremos acabar con todas estas formas de
discriminación, ¿necesitamos imaginar y construir nuevos paradigmas de
vida que rompan con las lógicas heredadas de los sistemas anteriores?
Sí, creo que el sistema económico es un pilar fundamental que no se
puede obviar pero si se han desarrollado las diferentes opresiones hasta
los niveles de hoy en día es porque, en la base, ya existía una desigualdad,
que fue la que se extendió de manera desorbitada. No sabría decir cuál es
el origen exactamente, quizá un deseo de supervivencia establecido sobre
la creencia de que no basta con sobrevivir, sino que es necesario asegurar
esa supervivencia y comodidad al máximo, y lo hemos hecho a base de
pisotear a les de abajo. Además, está la cuestion de los privilegios
hegemónicos, que hacen que incluso en luchas emancipatorias se
perpetúen desigualdades, como pasó con las sufragistas o como sucede en
movimientos comunistas o anarquistas. Por eso puedes tener feministas
tránsfobas o peña antifascista que se come a les animales, son privilegios y
desigualdades que no nos interesa erradicar.
Que es necesario imaginar nuevos paradigmas de vida es algo claro para
mí. Pienso, por ejemplo, en las energías renovables, que pretenden
sustituir un modelo por otro que no reflexiona sobre el problema real que
supone la energía: el modelo de consumo actual es insostenible, y eso no
va a cambiar por mucho que nos pasemos a las renovables. La extracción
de riqueza de países del sur global, el destrozo de los montes para situar
molinos, el impacto que eso puede tener en las diferentes especies… si
obviamos todo eso y pensamos que la solución es invertir en, por ejemplo,
coches eléctricos para mantener nuestro modo de vida individualista y
consumista, poco bien vamos a hacer.
Creo que un cambio real pasaría por visualizar un futuro más comunitario,
con renuncias a los privilegios a los que nos hemos acostumbrado y que
creemos necesarios para nuestra supervivencia. Quizá así sí que
saldríamos de las lógicas heredadas, aunque sea difícil dentro de los
sistemas que nos envuelven. No necesitamos consumir tanto, y no
necesitamos consumir ciertas cosas: aquí entraría la ruptura del
antropocentrismo. La vida se sostiene de manera mucho más sencilla,
pero ese hecho es el que no queremos asumir. Caprichos que van desde
tener varias casas, a comprar mierdas que vienen del otro lado del mundo,
por ejemplo, pero también la idea de que necesitamos, se me ocurre, una
lavadora por hogar, cinco raciones de carne a la semana o ropa nueva cada
temporada. Además está el tema de la natalidad, que es un punto
fundamental en la idea de cómo construir futuros distintos y, para mí, otro
capricho al que deberíamos renunciar. Yo soy antinatalista: somos muches
y deberíamos dejar de reproducirnos, pero cómo llevar ese debate a algo
práctico… Es un temazo, pero no podemos ignorarlo.
4-A lo largo de la historia ha habido movimientos que han conectado la
cuestión animal con otras luchas sociales, pero es algo que sigue
bastante invisibilizado. ¿Por qué crees que pasa esto?
Porque somos humanes. No lo digo como que no somos seres perfectos,
sino porque obtenemos un beneficio claro de ello y no les vemos como
iguales. Pensamos que comprar un filete en Mercadona es lo mismo que
una agrupación humana que caza en el Amazonas o la matanza que hacían
una vez al año nuestres tatarabueles. Si nos da igual destruir ecosistemas
para que la IA nos haga un cartel y condenar a millones de vidas humanas
a la miseria para garantizar nuestros caprichos, qué nos va a importar
someter a seres con quienes, además, no compartimos vida diaria ni les
vemos por la calle. Hemos aprendido a relacionarnos con les animales a
través de la comida y eso supone que vivimos con una superioridad
humana bestial que está presente en todes nosotres, hasta en los ámbitos
más reivindicativos, antifascistas y anticarcelarios, a pesar de que las
conexiones entre esas reivindicaciones y el antiespecismo sean más que
evidentes. Son seres que no nos pueden comunicar claramente “oye, me
estás jodiendo” y eso lo aprovechamos al máximo para seguir
oprimiéndoles con la excusa de la supervivencia.
Además, entra en cuestión un tema muy personal para nosotres que es el
de la identificación con nuestra cultura, y en la cultura la alimentación
tiene un punto central. Al igual que la fascista “prioridad nacional” se está
asentando en el consumo de cerdo para evidenciar una oposición hacia
otras culturas o religiones que no lo consumen, pensar que tenemos que
cambiar nuestra alimentación en el día a día nos parece una renuncia que
no queremos afrontar. Si el hecho de hacerlo nos va a suponer burlas de
otras personas, ser el centro de atención porque siempre estamos
marcando qué queremos comer y qué no, y además nos va a suponer una
pérdida (supuesta) para el paladar, que nos conecta con recuerdos,
sensaciones y tradiciones, para qué lo vamos a hacer. Es una opresión que
tiene un nivel alto de aceptación incluso en los círculos más militantes. Y
es comprensible (que no justificable), somos seres de cultura, recuerdos,
vínculos y tradiciones, pero eso no debería suponer pasar por alto que
arrasamos cada día millones de vidas, que sometemos a vivencias de
miseria a millones de animales y que el impacto en la naturaleza, en otras
vidas animales y en vidas humanas es innecesariamente alto. Si nos
preocupan otres humanes, el planeta o las relaciones igualitarias,
claramente dejar de consumir animales es un punto de referencia
imprescindible, queramos o no.
5-Los movimientos disidentes sexo-género han cuestionado la idea de
que existan cuerpos o identidades "naturales" y otras "desviadas", han
cuestionado el sistema binario. ¿Crees que esa crítica puede ayudarnos
también a cuestionar la división jerárquica entre lo humano y lo animal?
Por supuesto. Creo que salir de los modelos binarios puede abrir los ojos
en cuanto a qué otros modelos estamos siguiendo y que tampoco son
naturales. Por ejemplo, la lucha anticapacitista y su relación con lo animal,
entendido como lo no humano, viene desde hace años demostrándonos
que existe un modelo de lo que es ser humane, y que muches de nosotres
no lo cumplimos. Pienso en activistas y pensadores como Anahí Gabriela
González, cuyo trabajo gira en torno a cómo el antiespecismo se atraviesa
con el anticapacitismo y con otras opresiones constantemente, o activistas
gordas o antirracistas que nos recuerdan que sus cuerpos son vistos como
inferiores a lo humano hegemónico, y me maravilla el trabajo que hacen.
Me parece una forma tremendamente potente de demostrar que la
construcción de lo que es humano es un artificio que, aunque no lo
creamos, no es tan sencillo de habitar, que muchas corporalidades quedan
fuera y lo hacen sencillamente porque es beneficioso para los sistemas de
opresión que obtienen réditos de la idea de lo que es normal y lo que no.
La productividad, la inserción en el sistema familiar tradicional y las
normas de vida que, normativamente, valga la redundancia, hay que
seguir, tienen objetivos claros que son económicos, pero también de
control de cuerpos, vivencias, experiencias, etc. Romper con la división
humane/no humane nos pone en paralelo con el mundo que nos rodea, y
no por encima de él, y nos acerca a otras formas de ver, comunicarse,
habitar y ocupar el entorno que podrían enseñarnos mucho más de lo que
nuestra arrogancia y supremacía humana nos permite ver.
6-Cuando une lee tu libro y el recorrido histórico y teórico que realizas en
él sobre las distintas formas de opresión y los mecanismos que las
sostienen, la pregunta que surge especialmente en el contexto occidental
contemporáneo, es si hay algún argumento sólido para justificar el
especismo y la explotación de los animales no humanos.
El libro está centrado en este contexto que mencionas, porque es el que
habito y del que yo puedo hablar, y creo que en él sí existen argumentos
sólidos que la justifican, que son precisamente los que la sostienen. Me
refiero a que el argumento de que reporta beneficios económicos es sólido
porque nos movemos en un sistema capitalista, y es un error pensar que
no lo es, que no colaboramos con ello cada vez que consumimos animales,
así como tantas otras cosas. Que sea ético, moral o legítimo es algo bien
diferente y estas connotaciones hacen que la base económica empiece a
flaquear, afortunadamente; de ahí que, desde hace un tiempo, y en un
capitalismo que lo absorbe todo, hablemos de bienestar animal, de
supervivencia y de bienestar físico como una forma de hacer pasar el
interés económico por esos nuevos filtros que estamos reivindicando. Si
todos estos argumentos no estuvieran tan bien establecidos no
encontraríamos a tantas personas ecologistas, transfeministas,
antifascistas y tantas otras cosas que aún consumen animales. Creo que
asumir que nos la han colado increíblemente porque la organización de
esos sistemas, sus estructuras, son tremendamente poderosas, con una
organización brillante, es un paso necesario para entender por qué
funcionamos como lo hacemos. No hay nada de malo en reconocernos
engañades, lo malo (no de forma absoluta pero sí para les otres) es no
querer verlo o verlo e ignorarlo; necesitamos humildad para asumir que
formamos parte de esas dinámicas de poder que dañan a les otres,
aunque no queramos hacerlo, y aceptar que el mundo está muy bien
organizado, pero con las intenciones equivocadas. Si no partimos de ahí,
de nuestra incoherencia humana, no vamos a empezar a cambiarlo nunca.

7- ¿Qué estrategias crees que deberíamos seguir desde las posiciones
antiespecistas para convencer al público general de que el especismo es
una forma más de discriminación y de que los demás animales también
tienen derecho a una vida digna y libre de explotación?
Te lo pregunto también desde lo personal: llevo 18 años siendo vegane y
todavía no he conseguido que nadie de mi entorno se haga vegane.
Quiero pensar que, al menos desde Parole de Queer, sí he contribuido a
poner ciertos debates sobre la mesa, pero en lo personal no he logrado
ese cambio en nadie. ¿Qué crees que estamos haciendo mal, si es que
estamos haciendo algo mal? ¿O quizá simplemente no funciona así y soy
yo quien tiene unas expectativas poco realistas?
Es una pregunta compleja. Me la he hecho a mí misme también, me la han
hecho en presentaciones del libro, y no tengo muy clara la respuesta. Yo he
pasado por muchas fases, de militancia muy activa, concentraciones y
manifestaciones, a militancia en otros ámbitos donde cualquier evento
que incluyera comida fuera, obviamente, vegano, pero sin que el punto
central fuera el antiespecismo. Creo que todo es importante, y creo que
tenemos que saber cuáles son nuestras fuerzas en cada momento porque
la militancia y el activismo son cansados y hace falta descansar, que haya
relevos y nuevas energías. A nivel más individual, el antropocentrismo del
que hablaba hace que se generen situaciones violentas cuando le pones a
alguien delante de sus ojos su incoherencia por estar comiendo animales,
y eso también es agotador. Las fuerzas que tengamos dependen de
muchas cosas: nuestra salud física y mental, situación económica, contexto
de apoyo… Yo no voy a pedirle a una persona vegana que haga activismo
constantemente porque creo que no es sostenible, así que quizá nuestra
mera presencia ya sea importante. El cambio de les otres depende de
elles, no nos lo podemos echar encima pero sí controlar lo que hacemos y
consumimos nosotres.
Así que no sé si hay una forma específica de convencer a nadie. He
compartido con gente vegana que no tenía interés en ninguna otra lucha,
o que en el caso de mi identidad de género no se ha respetado ni se le ha
dado la importancia que obviamente tiene, y con gente no vegana que me
ha respetado desde el principio y sí tenía una preocupación por les
animales, aunque no se la aplicara a sus elecciones diarias. Es agotador ver
la diversificación de objetivos políticos. Creo que lo importante es
encontrar la forma de no quemarnos y quedarnos por el camino, y aceptar
que, a estas alturas, quien come animales sin pensar en nada más es
porque quiere o no tiene otra opción (cosa que, en un mundo precarizado
como el nuestro, también sucede), no porque no tenga conocimientos de
lo que hay realmente al otro lado, aunque también pueda pasar. De ahí la
importancia de cuidarnos y saber hasta dónde podemos llegar; y contando
con eso y aunque sea complicado, no dejar de evidenciar la realidad de les
animales en los ámbitos en los que nos sintamos más cómodes según el
momento. Quién sabe cuándo alguien va a decir “hasta aquí” y va a sacar
a les animales de su nevera.
8-Para acabar, en ese intento de inventar nuevos paradigmas ¿cómo
imaginas el futuro o como querrías que fuese?
Son dos cosas muy diferentes. Me gustaría que fuera mucho más amable,
más comunitario, menos consumista y menos categorizador, libre de
fascistas, de pensamientos opresores y con colectividades cercanas. Creo
que no será ninguna de esas cosas. Yo intento luchar por las causas que
más me mueven, estar al tanto de lo que pasa en otros ámbitos y tener el
menor impacto posible en el mundo y en las vidas menos privilegiadas que
la mía, porque creo que es lo mejor y lo que me ayuda a seguir adelante,
pero desde la escritura del libro a ahora han cambiado muchas cosas, y
creo que soy realista y que el futuro pinta regulero para muches de
nosotres, lo cual no quiere decir que tengamos que rendirnos, pero sí
contar con ello para saber a qué nos enfrentamos. Ojalá aprendamos a
hacer alianzas entre nosotres y a involucrarnos en otras luchas, como está
pasando ahora mismo con la vivienda, lo que implicará seguro pasar por
alto algunos de nuestros preceptos y renunciar a cosas a las que no
queremos renunciar, pero pensando en un fin común que, a la hora de la
verdad, será más transitable que el fascismo sin duda.