domingo

Entrevista a VIRGINE DESPENTES

"Creo en las diferencias entre personas. Pero no lo veo como mujeres iguales de un lado, y hombres iguales del otro. La distinción mujer-hombre es exactamente como la diferencia entre ricos y pobres: es muy eficaz para tener a los pueblos con la cabeza en el suelo, pero no corresponde a nada más que otro sistema de explotación. No hay nada natural en la distinción mujer-hombre. Es únicamente una manera de tenernos a todos en estas ideas de deuda, y como mujer es como estar dos veces endeudadas con la sociedad"
Virgine Despentes

Virginie Despentes (Nancy 1969) con cuatro novelas y un ensayo, Teoría King Kong, se ha confirmado  como un referente de la nueva literatura francesa y ha dejado atrás ese sambenito  reaccionario  que reducía su obra mera provocación cuando en 1993 publicó Fóllame.  No abandona no obstante ese tono punk para hablar de la mujer, de temas como el lesbianismo, la prostitución, o la libertad de elección de la mujer ante el aborto. Bye , bye, blondie , es la última de sus obras traducida al castellano y ya cuenta con una adaptación cinematográfica  dirigida por la propia escritora.
La novela Bye, bye, blondie sugiere una ternura hacia una mujer herida que no aparecía en la novela Fóllame. ¿Es por qué usted también lleva ya sus propias cicatrices y esa lucha punk cansa?
Son diez años los que separan Fóllame de Bye bye, blondie, diez años y para mí, tres novelas y una película, y he cambiado en todo ese tiempo. Mi vida ha cambiado también. No quiero escribir Fóllame una y otra vez. Intento trabajar con sinceridad, y eso significa que iba a escribir novelas de putas desesperadas con 35 años. La chica de Bye bye…, Gloria, es una mujer con heridas, pero no tanto por lo que ha pasado en la vida, ya que, en realidad, es como una chica adolescente, con una vida precaria, pero contenta con la vida que ha tenido.
El libro sugiere también que si, como mujer, no te adaptas a un determinado camino, sufres mucho. ¿Hay alguna manera de evitar ese sufrimiento?
No lo veo como un asunto típicamente de la mujer. Lo veo más desde el punto de vista del punk rock: si no te adaptas a la vida laboral tal como es, y no tienes nada de dinero de tu familia, lo que obtienes es una vida precaria dura. Las cosas no son como en los ochenta en Francia, cuando era posible tener unos trabajos y una vida que se llamaba «la bohemia». Entonces era posible no entrar en el juego ultraliberal y tener tus actividades, amigos, un apartamento y una vida precaria, pero elegida, y con más libertad. Ahora veo cómo todo esto ha cambiado: si no perteneces a las redes laborales y si no aceptas sacrificar tu vida entera y tu moral, por el trabajo, la precariedad tiene un precio más alto. Ahora significa mucho más el hecho de no querer jugar el juego. Ahora, la diferencia principal no es el género, sino el hijo o la hija de quién eres. Tienes patrimonio, o no tienes nada.
Por cierto, usted también ha dirigido la adaptación al cine de Bye bye blondie. En la novela, la pareja protagonista son un hombre y una mujer, pero en la película las protagonistas  son mujeres. ¿Por qué lo ha cambiado?
En ese tiempo entre la novela y la adaptación al cine me enamoré de Beatriz Preciado, y no me parecía excitante dirigir a una pareja heterosexual. Pero fueron muy interesantes los problemas que encontré al hacer una película de lesbianas. Por ejemplo, no es un problema para nadie, pero al final la película ha sido programada en la televisión únicamente en horario nocturno. No hay ni una escena pornográfica, no hay violencia, pero al final hay que esconder la película, igual que ocurrió con Fóllame. Me ha parecido interesante este doble lenguaje: parece que no hay problemas con los romances entre lesbianas, pero no tienen el mismo tratamiento que el romance heterosexual. Besar a una chica en la boca sigue siendo problemático, como si nosotras, las mujeres, tuviéramos que aguantar siempre la misma propaganda heterosexual, que nos mata de forma real o simbólica, pero tenemos que seguir tragándonosla.
 Bye, bye, Blondie fue publicada en 2004 en Francia y desde entonces ha publicadoApocalypse bebé (2010), pero hasta ahora no nos ha llegado Bye, bye, blondie en español. ¿Dejó pasar el tiempo por la exposición mediática? Alguna vez dijo que la exposición mediática le parecía tan duro como prostituirse. ¿Lo sigue afirmando?
Fue simplemente porque el editor de los primeros libros, Anagrama, no quería publicar mis últimas novelas. Apocalypse bebé tampoco encontró editorial cuando salió. Es algo particular de España. Quizás no escribo el tipo de ficción que interesa a los lectores españoles. Y sí, la exposición mediática me parece mucho más dura que prostituirse, porque se hace de forma pública. No puedes salir de casa y pretender que no escribes lo que escribes. Es una pérdida total del anonimato. Me parece difícil, y me parece evidente que hay muchos más suicidios entre trabajadores expuestos a los medios, que en la prostitución u otros trabajos. Pero, al mismo tiempo es excitante esto de la exposición pública. No me quejo de nada, simplemente me lo cuestiono cuando veo a los activistas anti-prostitución en Francia, ya que creo que no entienden bien lo que es el trabajo, en general, y el estatuto del trabajador del espectáculo cultural, en particular.
Hay muchas mujeres que tienen dudas con respecto a la prostitución. En Madrid se acaba de aprobar una ley que persigue al cliente. ¿Qué le parece?
Me parece que podríamos pretender que el sistema ultra liberal, en general, se acabe antes de preocuparnos en saber cuánto pueden ganar las mujeres con el sexo. Me parece que tu cuerpo te pertenece, y si eliges hacer dinero con tu cuerpo, la ley debe asistirte para que lo hagas en buenas condiciones, sin riesgos inútiles. Perseguir al cliente siempre significa hacer el trabajo más difícil que el de verdad se tiene que hacer. A mí me parece que la Iglesia nos ha acostumbrado a la idea de que el cuerpo de la mujer no pertenece a la mujer, sino a la moral, a la familia y nunca a una misma.
Siguiendo con España, las mujeres vuelven a salir a calle pidiendo el aborto libre puesto que una nueva ley pretende volver a poner más trabas para poder realizarlo. ¿Qué opinión le merece que haya que volver a manifestarse? ¿Cómo está en Francia esta cuestión?
Me parece importante el poder de elegir lo que tú haces con tu cuerpo. Como decía, te pertenece. El aborto es natural. Perder un bebe durante el embarazo es una cosa normalísima. Y poder elegir perderlo, en buenas condiciones sanitarias, me parece perfectamente natural. Una vez más, el cuerpo de la mujer pertenece a la mujer y no tiene que justificar si no quiere dar vida en un momento de su vida. Me parece, además, una decisión política importante: nuestros Estados no pueden al mismo tiempo destruir todo lo que conocíamos como vida social y posibilidades de felicidad, incluso para los pobres, y al mismo tiempo exigir a las mujeres que den niños a esta sociedad. Si no hay escuela, trabajo, ayuda colectiva, comida, vivienda, si no queda nada de lo que permite la dignidad humana, no pueden al mismo tiempo exigir niños de las mujeres. El aborto es también una decisión política: seguro que muchas mujeres no quieren dar vida en la Europa de ahora.
La cuestión del aborto me parece central: hasta qué punto podemos aguantar la violencia del Estado sobre nuestras vidas. Ahora nos enseñan que estamos en deuda por el mismo hecho de nacer. Eso significa que nuestras vidas ya no nos pertenecen. El control de los vientres de las mujeres va en este sentido: nacemos esclavos, nuestras vidas no nos pertenecen, pertenecen a los que tienen patrimonio y quieren explotar nuestros cuerpos y tiempo al máximo. Es una guerra. Una guerra contra nuestros cuerpos y vidas.
 Hace unos años dijo que la revolución en las mujeres podría empezar por hacerse lesbiana. ¿Lo mantiene? Y en cualquier caso, ¿con qué fin? ¿Qué demuestra eso?
Si salimos de la familia clásica, es una revolución. Si acabamos con la familia como la conocemos, acabamos con el patrimonio, con la deuda, con la obligación de identidades para satisfacer a los padres, etc. Sí, creo que si la mujer sale del sistema patriarcal, y la homosexualidad sigue siendo un patio muy pertinente para salir de este sistema, la revolución seguirá. Por eso el tema de las bodas gays ha sido un asunto tan importante para los católicos y fascistas franceses – poner a las mujeres en situación de pareja y maternidad obligatoria y obligarlas a vivir como mujeres con hombres es muy importante para evitar revoluciones grandes. Va con el sistema ultra liberal. La familia hetero es la garantía de que nada cambia demasiado. Y creo que ha sido uno de los errores principales de los movimientos de extrema izquierda: no hemos entendido hasta qué punto feminismo y derechos gays eran centrales en el asunto de la revolución anticapitalista. Hemos considerado que era un detalle, cuando es el punto central.
 Hace un tiempo dijo que no creía en la femineidad ni en la virilidad. En cualquier caso, ¿no somos diferentes? ¿Qué piensa del discurso de la diferencia?
Creo en las diferencias entre personas. Pero no lo veo como mujeres iguales de un lado, y hombres iguales del otro. La distinción mujer-hombre es exactamente como la diferencia entre ricos y pobres: es muy eficaz para tener a los pueblos con la cabeza en el suelo, pero no corresponde a nada más que otro sistema de explotación. No hay nada natural en la distinción mujer-hombre. Es únicamente una manera de tenernos a todos en estas ideas de deuda, y como mujer es como estar dos veces endeudadas con la sociedad.
¿Qué opinión tiene del movimiento FEMEN?
No comparto sus ideas sobre la prostitución o la pornografía, y no veo muy bien a dónde quieren ir en Francia con las musulmanas. Creo que las FEMEN a veces van a la guerra contra sus propias aliadas… Pero me ha gustado la forma mediática de expresar sus ideas feministas. Necesitamos muchos discursos diferentes en el feminismo. Yo no me mezclaré con las FEMEN, pero me parece correcto que haya movimientos nuevos, y además movimientos que puedan cuestionar mujeres muy jóvenes.
¿La mujer en Occidente tiene que seguir mostrando su cuerpo para reivindicar derechos? Para algunas personas es una ‘cosificación’ de la mujer.
La mujer puede utilizar su cuerpo si le parece pertinente. FEMEN ha conseguido obtener una repuesta mediática inmensa por un movimiento feminista. La cuestión más importante ahora sería plantearse: ¿es posible un feminismo heterosexual?


Entrevista compartida de la Revista EnCubierta, publicada el 30 de Octubre de 2013.

jueves

"Mujeres en los márgenes" por Beatriz Preciado

"Este nuevo feminismo posporno, punk y transcultural nos enseña que la mejor protección contra la violencia de género no es la prohibición de la prostitución sino la toma del poder económico y político de las mujeres y de las minorías migrantes. Del mismo modo, el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa. Así, el objetivo de estos proyectos feministas no sería tanto liberar a las mujeres o conseguir su igualdad legal como desmantelar los dispositivos políticos que producen las diferencias de clase, de raza, de género y de sexualidad haciendo así del feminismo una plataforma artística y política de invención de un futuro común".
Beatriz Preciado

En los últimos años han surgido una serie de autoras que sostienen que el objetivo del nuevo feminismo debe ir más allá de conseguir la igualdad legal de la mujer blanca, occidental, heterosexual y de clase media. Para ellas, se trata de atender a mujeres tradicionalmente dejadas al margen y de combatir las causas que producen las diferencias de clase, raza y género.

Mientras la retórica de la violencia de género infiltra los medios de comunicación invitándonos a seguir imaginando el feminismo como un discurso político articulado en torno a la oposición dialéctica entre los hombres (del lado de la dominación) y las mujeres (del lado de las víctimas), el feminismo contemporáneo, sin duda uno de los dominios teóricos y prácticos sometidos a mayor transformación y crítica reflexiva desde los años setenta, no deja de inventar imaginarios políticos y de crear estrategias de acción que ponen en cuestión aquello que parece más obvio: que el sujeto político del feminismo sean las mujeres. Es decir, las mujeres entendidas como una realidad biológica predefinida, pero, sobre todo, las mujeres como deben ser, blancas, heterosexuales, sumisas y de clase media. Emergen de este cuestionamiento nuevos feminismos de multitudes, feminismos para los monstruos, proyectos de transformación colectiva para el siglo XXI.

Estos feminismos disidentes se hacen visibles a partir de los años ochenta cuando, en sucesivas oleadas críticas, los sujetos excluidos por el feminismo biempensante comienzan a criticar los procesos de purificación y la represión de sus proyectos revolucionarios que han conducido hasta un feminismo gris, normativo y puritano que ve en las diferencias culturales, sexuales o políticas amenazas a su ideal heterosexual y eurocéntrico de mujer. Se trata de lo que podríamos llamar con la lúcida expresión de Virginie Despentes el despertar crítico del "proletariado del feminismo", cuyos malos sujetos son las putas, las lesbianas, las violadas, las marimachos, los y las transexuales, las mujeres que no son blancas, las musulmanas... en definitiva, casi todos nosotros.

Esta transformación del feminismo se llevará a cabo a través de sucesivos descentramientos del sujeto mujer que de manera transversal y simultánea cuestionarán el carácter natural y universal de la condición femenina. El primero de estos desplazamientos vendrá de la mano de teóricos gays y teóricas lesbianas como Michel Foucault, Monique Wittig, Michael Warner o Adrienne Rich que definirán la heterosexualidad como un régimen político y un dispositivo de control que produce la diferencia entre los hombres y las mujeres, y transforma la resistencia a la normalización en patología. Judith Butler y Judith Halberstam insistirán en los procesos de significación cultural y de estilización del cuerpo a través de los que se normalizan las diferencias entre los géneros, mientras que Donna Haraway y Anne Fausto-Sterling pondrán en cuestión la existencia de dos sexos como realidades biológicas independientemente de los procesos científico-técnicos de construcción de la representación. Por otra parte, junto con los procesos de emancipación de los negros en Estados Unidos y de descolonización del llamado Tercer Mundo, se alzarán las voces de crítica de los presupuestos racistas del feminismo blanco y colonial. De la mano de Angela Davis, bell hooks, Gloria Anzaldua o Gayatri Spivak se harán visibles los proyectos del feminismo negro, poscolonial, musulmán o de la diáspora que obligará a pensar el género en su relación constitutiva con las diferencias geopolíticas de raza, de clase, de migración y de tráfico humano.

Uno de los desplazamientos más productivos surgirá precisamente de aquellos ámbitos que se habían pensado hasta ahora como bajos fondos de la victimización femenina y de los que el feminismo no esperaba o no quería esperar un discurso crítico. Se trata de las trabajadoras sexuales, las actrices porno y los insumisos sexuales. Buena parte de este movimiento se estructura discursiva y políticamente en torno a los debates del feminismo contra la pornografía que comienza en Estados Unidos en los años ochenta y que se conoce con el nombre de "guerras feministas del sexo". Catharine Mackinnon y Andrea Dworkin, portavoces de un feminismo antisexo, van a utilizar la pornografía como modelo para explicar la opresión política y sexual de las mujeres. Bajo el eslogan de Robin Morgan "la pornografía es la teoría, la violación la práctica", condenan la representación de la sexualidad femenina llevada a cabo por los medios de comunicación como una forma de promoción de la violencia de género, de la sumisión sexual y política de las mujeres y abogan por la abolición total de la pornografía y la prostitución. En 1981, Ellen Willis, una de las pioneras de la crítica feminista de rock en Estados Unidos, será la primera en intervenir en este debate para criticar la complicidad de este feminismo abolicionista con las estructuras patriarcales que reprimen y controlan el cuerpo de las mujeres en la sociedad heterosexual. Para Willis, las feministas abolicionistas devuelven al Estado el poder de regular la representación de la sexualidad, concediendo doble poder a una institución ancestral de origen patriarcal. Los resultados perversos del movimiento antipornografía se pusieron de manifiesto en Canadá, donde al aplicarse medidas de control de la representación de la sexualidad siguiendo criterios feministas, las primeras películas y publicaciones censuradas fueron las procedentes de sexualidades minoritarias, especialmente las representaciones lesbianas (por la presencia de dildos) y las lesbianas sadomasoquistas (que la comisión estatal consideraba vejatorias para las mujeres), mientras que las representaciones estereotipadas de la mujer en el porno heterosexual no resultaron censuradas.

Frente a este feminismo estatal, el movimiento posporno afirma que el Estado no puede protegernos de la pornografía, ante todo porque la descodificación de la representación es siempre un trabajo semiótico abierto del que no hay que prevenirse sino al que hay que atacarse con reflexión, discurso crítico y acción política. Willis será la primera en denominar feminismo "prosexo" a este movimiento sexopolítico que hace del cuerpo y el placer de las mujeres plataformas políticas de resistencia al control y la normalización de la sexualidad. Paralelamente, la prostituta californiana Scarlot Harlot utilizará por primera vez la expresión "trabajo sexual" para entender la prostitución, reivindicando la profesionalización y la igualdad de derechos de las putas en el mercado de trabajo. Pronto, a Willis y Harlot se unirán las prostitturas de San Francisco (reunidas en el movimiento COYOTE, creado por la prostituta Margo Saint James), de Nueva York (PONY, Prostitutas de Nueva York, en el que trabaja Annie Sprinkle), así como del grupo activista de lucha contra el sida ACT UP, pero también las activistas radicales lesbianas y practicantes de sadomasoquismo (Lesbian Avangers, SAMOIS...). En España y Francia, a partir de los noventa, los movimientos de trabajadoras sexuales Hetaria (Madrid), Cabiria (Lyon) y LICIT (Barcelona), de la mano de las activistas de fondo como Cristina Garaizabal, Empar Pineda, Dolores Juliano o Raquel Osborne formarán un bloque europeo por la defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales. En términos de disidencia sexual, nuestro equivalente local, efímero pero contundente, fueron las lesbianas del movimiento LSD con base en Madrid, que publican durante los noventa una revista del mismo nombre en la que aparecen, por primera vez, representaciones de porno lesbiano (no de dos heterosexuales que sacan la lengua para excitar a los machitos, sino de auténticos bollos del barrio de Lavapiés). Entre los continuadores de este movimiento en España estarían grupos artísticos y políticos como Las Orgia (Valencia) o Corpus Deleicti (Barcelona), así como los grupos transexuales y transgénero de Andalucía, Madrid o Cataluña.

Estamos aquí frente a un feminismo lúdico y reflexivo que escapa del ámbito universitario para encontrar en la producción audiovisual, literaria o performativa sus espacios de acción. A través de las películas de porno feminista kitsch de Annie Sprinkle, de las docuficciones de Monika Treut, de la literatura de Virginie Despentes o Dorothy Allison, de los comicslésbicos de Alison Bechdel, de las fotografías de Del LaGrace Volcano o de Kael TBlock, de los conciertos salvajes del grupo de punk lesbiano de Tribe8, de las predicaciones neogóticas de Lydia Lunch, o de los pornos transgénero de ciencia-ficción de Shue-Lea Cheang se crea una estética feminista posporno hecha de un tráfico de signos y artefactos culturales y de la resignificación crítica de códigos normativos que el feminismo tradicional consideraba como impropios de la feminidad. Algunas de las referencias de este discurso estético y político son las películas de terror, la literatura gótica, los dildos, los vampiros y los monstruos, las películas porno, los manga, las diosas paganas, los ciborgs, la música punk, laperformance en espacio público como útil de intervención política, el sexo con las máquinas, iconos anarco-femeninos como las Riot Girl o la cantante Peaches, parodias lesbianas ultrasexo de la masculinidad como las versiones drag king de Scarface o ídolos transexuales como Brandon Teena o Hans Scheirl, el sexo crudo y el género cocido.

Este nuevo feminismo posporno, punk y transcultural nos enseña que la mejor protección contra la violencia de género no es la prohibición de la prostitución sino la toma del poder económico y político de las mujeres y de las minorías migrantes. Del mismo modo, el mejor antídoto contra la pornografía dominante no es la censura, sino la producción de representaciones alternativas de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa. Así, el objetivo de estos proyectos feministas no sería tanto liberar a las mujeres o conseguir su igualdad legal como desmantelar los dispositivos políticos que producen las diferencias de clase, de raza, de género y de sexualidad haciendo así del feminismo una plataforma artística y política de invención de un futuro común.


Texto compartido de El Pais  , publucado el 13 de Enero de 2007.                                                                

Entrevista a VIRGINE DESPENTES

" Convertirse en lesbiana sería un buen comienzo para la revolución"
Virgine Despentes

La aparición de la novela Fóllame, luego llevada al cine, lanzó a la fama a la escritora francesa. Su último libro, King Kong Teoría, (publicado en 2007), mezcla el ensayo y la autobiografía para hablar de la violación, la prostitución y la pornografía desde un punto de vista tan crudo como polémico.

Transgresora y deslenguada, Virginie Despentes (Nancy, 1969) pasó de ser una escritora marginal a convertirse en una de las voces más destacadas de su generación. Una dama de la literatura trash. La popularidad le llegó en 1993 con su novela Fóllame(Mondadori), después llevada al cine, que cuenta la violenta historia de dos prostitutas convertidas en asesinas en serie. Despentes extrae de su biografía -en la que figuran la violación, la prostitución y los trabajos basura- buena parte de su material de ficción y también de reflexión. Pero es su último libro, el ensayo King Kong Teoría el que la ha vuelto a poner en la mira de los conservadores. Un texto polémico que unos consideran el manifiesto de un nuevo feminismo y otros, un ajuste de cuentas personal, una guerra civil entre hombres y mujeres. "Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las insatisfechas, las que nadie desea, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena mujer", escribe.

Su escritura es directa como un puñetazo. ¿Es necesaria la cólera, cierta violencia para hacerse escuchar?
No, la cólera puede dar cierta energía. Pero lo que es necesario para hacerse oír son personas dispuestas a hacerlo. Hay algunas que funcionan bien con la cólera, otras, a quienes eso les causa apenas un rasguño.

¿Escribir: "Puesto que quería ser un hombre, he tenido una vida de hombre", no es una dimisión de su propia particularidad?
¿Una dimisión con respecto a qué? ¿A mi "devenir mujer"? Nunca me he sentido dueña de una misión particular por ser mujer. Desde el exterior es desde donde se me hizo comprender que mis apetitos eran masculinos. Hubiera dimitido de mí misma aunque me hubiese comportado de otra manera. Si hubiese escuchado lo que me decían: a las chicas no les gusta tocar la guitarra eléctrica, pero sí los chicos que lo hacen; a las chicas no les gusta pelearse, pero sí los hombres que se pelean; a las chicas no les gusta ganar dinero, pero sí casarse con aquellos que lo tienen... No creo por un instante en la femineidad, que sería un despliegue biológico o químico de cualidades particulares en todas las mujeres. Tampoco creo más en la virilidad que reuniría a todos los hombres. No me parece que Bruce Willis y Woody Allen se parezcan en nada. Ni tampoco Britney Spears y Angela Davis. Dividir a la humanidad en dos partes para tener la sensación de haber hecho un buen trabajo me parece bastante grotesco.

Cuando escribe que "explota su femineidad si se prostituye", me cuesta pensar que no deje una huella traumática...
Sinceramente, ¿cree que la prostitución deja más traumas que la exposición mediática? Lo que hago hoy en día para ganarme la vida como autora mediatizada es humillante y doloroso. Y nadie me compadece. La prostituta deja libre el fantasma del miedo a que las jóvenes se hagan prostitutas, por eso insistimos en el lado doloroso de ese oficio.

Tal vez la posesión física sea también la posesión moral de la persona...¿Todo acto físico no deja una huella emocional?
Si he practicado ese oficio durante un tiempo era porque me resultaba fácil. Más transparente que otros trabajos que he podido tener. Todo intercambio físico deja una huella emocional, sí, pero no siempre negativa. No digo que todas las mujeres puedan hacerlo. Digo que, para algunas, es un trabajo como cualquier otro, incluso más interesante que otro. No vivimos en un mundo donde todo el mundo esté feliz con pagar su hipoteca.

Para usted la femineidad es una forma de servilismo, un puterío. Una mujer sumisa es una mujer sin rostro, ¿por dónde empieza la revolución?
Convertirse en lesbiana sería un buen comienzo.

No se termina, según dice, disfrazándose de hombres para avanzar. ¿Cómo inventar la femineidad bajo presión sin caer en el conservadurismo o tirando de ideas preconcebidas?
No nos disfrazamos de hombres más que ellos. Lo que se define como lo que les pertenece, no les pertenece y no les conviene, ni más ni menos que a las que nacemos mujeres. Imaginar que la fuerza de carácter, la energía, la agresividad, el deseo, o los trapos más prácticos que seductores nos pertenecen en tanto que hembras es una herejía. A cada una le toca definir, según su trayectoria precisa y en la medida de sus posibilidades adónde quiere ir. Que opongan a mi femineidad el ejemplo de una novela donde dos mujeres matan a todo el mundo es una estupidez. No escribo para honrar ni deshonrar mi femineidad, sino en un contexto preciso y sobre emociones que no poseen género.

Esta entrevista fue publicada en El Pais en Enero de 2007.

Monique Wittig: “Sobre la opresión y la esclavización de las mujeres en la sociedad contemporánea”

"Porque no hay ningún sexo. Sólo hay un sexo que es oprimido y otro que oprime. Es la opresión la que crea el sexo, y no al revés".

Monique Wittig (1935-2003)

martes

Judith Butler para principiantes

Judith Butler es la autora de uno de los libros más influyentes del pensamiento contemporáneo, El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, donde ya en los años noventa ponía en jaque la idea de que el sexo es algo natural mientras el género se construye socialmente. Sus trabajos filosóficos, complejos y muy difíciles de divulgar sin desvirtuar, han contribuido a construir lo que hoy se conoce como Teoría Queer y tuvieron un papel fundacional en el desarrollo del movimiento queer. Esta breve guía se detiene en puntos clave de su pensamiento.

Judith Butler

1

Butler y su giro copernicano

Ese giro se produce en torno del género y marcó la evolución de las concepciones que se venían teniendo al respecto dentro del feminismo. Cuando en 1990 publica El género en disputa, las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la inevitabilidad de la diferencia sexual. Ambas presuponían que el “sexo”, entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo “natural”, que no dependía de las configuraciones sociohistóricas.
Butler plantea que el “sexo” entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del “sexo” como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género.

2

Judith en el principio de los movimientos queer

Este planteamiento, a partir del cual el sexo y el género son radicalmente desencializados, desestabilizó la categoría de “mujer” o “mujeres”, y obligó a la perspectiva feminista a reconcebir sus supuestos, y entender que “las mujeres”, más que un sujeto colectivo dado por hecho, era un significante político. Al mismo tiempo, esta aguda desencialización del género, la idea de que las normas de género funcionan como un dispositivo productor de subjetividad, sirvió de fundamento teórico y dio argumentos y herramientas a una serie de colectivos, catalogados como minorías sexuales, que también, junto a las mujeres, eran (y continúan siendo) excluidos, segregados, discriminados por esta normativa binaria del género. En este sentido, el giro copernicano de Butler ayudó mucho al impulso y la expansión de los movimientos queer, y también trans e intersex.

3

Y el sexo..., ¿dónde está?

La impronta de Michel Foucault, y en particular su trabajo en la Historia de la sexualidad, es evidente. Ahora bien, si en el caso de Foucault el dispositivo de la sexualidad no tiene en cuenta el género, para Butler es esencial. A partir de Butler el género ya no va a ser la expresión de un ser interior o la interpretación de un sexo que estaba ahí, antes del género. Como dice la autora, la estabilidad del género, que es la que vuelve inteligibles a los sujetos en el marco de la heteronormatividad, depende de una alineación entre sexo, género y sexualidad, una alineación ideal que en realidad es cuestionada de forma constante y falla permanentemente.
Es importante insistir en que Butler no quiere decir que el sexo no exista, sino que la idea de un “sexo natural” organizado en base a dos posiciones opuestas y complementarias es un dispositivo mediante el cual el género se ha estabilizado dentro de la matriz heterosexual que caracteriza a nuestras sociedades. Puesto en otros términos, no se trata de que el cuerpo no sea material, no se trata de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, simplemente se trata de insistir en que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la “verdad” o a la “materia” del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y normas.

4

El género como performance

Antes que una performance, el género sería performativo. Esta diferencia entre pensar al género como una performance y pensar en la dimensión preformativa del género no es trivial. Decir que el género es una performance no es del todo incorrecto, si por ello entendemos que el género es, en efecto, una actuación, un hacer, y no un atributo con el que contarían los sujetos aun antes de su “estar actuando”. Sin embargo, en la medida en que este performar o actuar el género no consiste en una actuación aislada, “un acto” que podamos separar y distinguir en su singular ocurrencia, la idea de performance puede resultar equívoca. Hablar de performatividad del género implica que el género es una actuación reiterada y obligatoria en función de unas normas sociales que nos exceden. La actuación que podamos encarnar con respecto al género estará signada siempre por un sistema de recompensas y castigos. La performatividad del género no es un hecho aislado de su contexto social, es una práctica social, una reiteración continuada y constante en la que la normativa de género se negocia. En la performatividad del género, el sujeto no es el dueño de su género, y no realiza simplemente la “performance” que más le satisface, sino que se ve obligado a “actuar” el género en función de una normativa genérica que promueve y legitima o sanciona y excluye. En esta tensión, la actuación del género que una deviene es el efecto de una negociación con esta normativa.

5

Poderes y políticas

Hablar de género es hablar de relaciones de poder. Hay que tener muy en cuenta que en esta negociación, el no encarnar el género de forma normativa o ideal supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro, y no sólo esto, sino también, incluso, supone arriesgar la posibilidad de ser legible como sujeto pleno, o la posibilidad de ser real a los ojos de los otros, y aun más, supone en muchos casos arriesgar la propia vida. En este sentido, la oportunidad política a la que abren los señalamientos de Butler se debe a que si el género no existe por fuera de esta actuación, y las normas del género tampoco son algo distinto que la propia reiteración y actuación de esas mismas normas, esto quiere decir que ellas están siempre sujetas a la resignificación y a la renegociación, abiertas a la transformación social. Estas normas que son encarnadas por los sujetos pueden reproducirse de tal modo que la normas hegemónicas del género queden intactas. Pero también estas normas viven amenazadas por el hecho de que su repetición implique un tipo de actuación que pervierta, debilite o ponga en cuestión esas mismas normas, subvirtiéndolas y transformándolas. Esta inestabilidad constitutiva de las normas es una oportunidad política.

6

La aparición de la homosexualidad

En paralelo con otras autoras que también han revisado el hecho de que las ideas que conlleva el género han sido tributarias de la matriz heterosexual –como por ejemplo Monique Wittig, Adrienne Rich o Gayle Rubin– los planteamientos de Butler apuntan a señalar que los ideales de masculinidad y feminidad han sido configurados como presuntamente heterosexuales. Si desde el esquema freudiano, por ejemplo, se parte de la idea normativa de que la identificación (con un género) se opone y excluye la orientación del deseo (se deseará el género con el cual no nos identificamos) –identificarse como mujer implicaría que el deseo debería orientarse hacia la posición masculina, y viceversa–, Butler planteará que esto no es necesariamente así. (Este es el prejuicio que permite entender el hecho de que históricamente se haya pensado en la idea de que un hombre que desea a otros hombres tenderá a ser necesariamente afeminado, y lo mismo en el caso de las mujeres, que si desean lo femenino, esto deberá asociarse con la identificación con lo masculino)

7

La ley del deseo

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. Y aún más, ni siquiera, ni tampoco, éstos tendrían por qué ser necesariamente unívocos. No hay ninguna razón esencial que justifique que una debe identificarse unívoca e inequívocamente con un género completa y totalmente. Asimismo, tampoco habría ninguna necesidad en que una deba orientar su deseo hacia un género u otro. Tal es el caso por ejemplo de la bisexualidad.
En tanto ideales a los que ningún sujeto puede acceder de forma absoluta, masculinidad y feminidad pueden ser –y de hecho son– distribuidos, encarnados, combinados y resignificados de formas contradictorias y complejas en cada sujeto. Y no hay encarnaciones o actuaciones de la feminidad o de la masculinidad que sean más auténticas que otras, ni más “verdaderas” que otras. Lo que habría, en todo caso, son formas de negociación de estos ideales más sedimentados, y por ende naturalizados o legitimados que otros, lo que consecuentemente los vuelve “más respetables” de acuerdo con un imaginario social que continúa siendo primordialmente heterocéntrico.
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Autora del artículo Leticia Sabsay
Socióloga (UBA) Doctora por la Universidad de Valencia. Sus temas de investigación abordan la articulación de los conceptos de género, subjetividad y ciudadanía en la teoría feminista contemporánea. Participò con Judith Butler en el dictado del Seminario de doctorado “Performatividad, género y teoría social: la revisión de la categoría de sujeto”, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

domingo

"LA VALENTÍA DE SER UNO MISMO" por PAUL B. PRECIADO

Paul B. Preciado


Cuando recibo una invitación para hablar de la valentía de ser yo mismo, al principio, se regodea mi ego como frente a una página publicitaria en la que soy al mismo tiempo objeto y consumidor. Me veo ya cargado de medallas, vestido de héroe…pero luego la memoria de los subalternos me ataca y borra toda complacencia. 

Me dais ahora el privilegio de hablar de la valentía de ser yo mismo después de haberme hecho llevar el peso de la exclusión y la vergüenza toda mi infancia. Venís a darme este privilegio como daríais un vasito más a un enfermo de cirrosis, al mismo tiempo que me negáis mis derechos fundamentales en nombre de la naturaleza y de la nación, que me confiscáis mis células y mis órganos para vuestra delirante gestión política. Me acordáis ahora la valentía como daríais una ficha de casino a un adicto al juego, mientras os negáis a llamarme con un nombre masculino o a declinar para mi nombre los adjetivos no femeninos, simplemente porque no tengo ni los documentos oficiales adecuados ni la barba necesaria. 

Y nos reunís aquí como a un grupo de esclavos que han sabido alargar sus cadenas pero que se muestran todavía cooperantes, que tienen diplomas y que aceptan hablar en el lenguaje de los amos: estamos aquí, frente a vosotros, todos cuerpos asignados sexo femenino en el nacimiento, Catherine Millet, Cécile Guibert, Helene Cixous, como una banda de putas, de bisexuales, de mujeres como voz ronca, de argelinas, de judías, con caras oscuras, marimachos, españolas. Pero, ¿No os cansaréis nunca de sentaros frente a nuestra “valentía” como uno se sienta frente a un divertimento? ¿No os cansaréis de alterizarnos para poder convertiros en vosotros mismos?

Me acordáis valentía, imagino, porque he militado junto con las putas, los sidáicos y los discapacitados, porque he hablado en mis libros de prácticas sexuales con dildos y prótesis, porque he contado mi relación con la testosterona. Este ese todo mi mundo. Esta es mi vida y no la he vivido con valentía, sino con entusiasmo y júbilo. Pero vosotros no queréis saber nada de mi dicha. Preferís lamentaros y garantizarme un poco más de valentía todavía porque en nuestro régimen político-sexual, en el capitalismo farmacopornográfico reinante, negar la diferencia sexual equivale a negar la encarnación de Cristo en la edad media. Me concedéis un paquete de valentía porque frente a los teoremas genéticos y a los papeles administrativos negar la diferencia sexual hoy equivale a escupir a la cara del rey en el siglo XV. 

Y me decís “háblamos de la valentía de ser tú”, como los jueces del tribunal de la inquisición dijeron a Giordano Bruno durante ocho años “háblanos del heliocentrismo, de la imposibilidad de la santa trinidad”, mientras preparaban un saco de ramitas para encender un buen fuego. Efectivamente, como Giordano Bruno y aunque huelo también a humo, pienso que un pequeño cambio no va a ser suficiente. Que va a ver que pegar una buena sacudida a todo esto. Hacer saltar el campo semántico y el dominio de lo pragmático. 

Despertar del sueño colectivo de la verdad del sexo, como tuvimos un día que despertar de la idea según la cual el sol giraba alrededor de la tierra. Para hablar de sexo, de género y de sexualidad hace falta empezar por un acto de ruptura epistemológica, una desaprobación categórica, una quiebra de la columna conceptual que permita una primera emancipación cognitiva: hay que abandonar totalmente el lenguaje de la diferencia sexual y de la identidad sexual (incluso el lenguaje de la identidad estratégica como quiere Spivak o de la identidad nómada como pide Rossi Braidotti). El sexo y la sexualidad no son propiedades esenciales del sujeto, sino más bien el producto de diversas tecnologías sociales y discursivas, de prácticas políticas de gestión de la verdad y de la vida. Son el producto de vuestro coraje. No hay ni sexos ni sexualidades, sino usos del cuerpo reconocidos como naturales o sancionados como desviantes. Y no vale la pena que saquéis la última carta trascendental: la maternidad no es sino otro uso posible del cuerpo, en ningún caso una garantía de diferencia sexual o de feminidad. 

Guardad la valentía para vosotros. Para vuestros matrimonios y vuestros divorcios, para vuestras infidelidades y mentiras, para vuestra familias y vuestras maternidades, para vuestros hijos y vuestros nietos. Guardad la valentía que necesitáis para mantener la norma. Guardar la sangre fría que os hace falta para prestar vuestros cuerpos al incesante proceso de repetición regulada. La valentía, como la violencia y el silencio, como la fuerza y el orden, son de vuestro lado. Por el contrario, yo reivindico aquí la legendaria falta de valentía de Virginia Wolf y de Klauss Mann, d’Audre Lorde et d’Adrienne Rich, d’Angela Davis et de Fred Moten, de Kathy Acker y de Annie Sprinkle, de June Jordan y de Pedro Lemebel, de Eve K. Sedgwick y de Gegg Bordowitch, de Guillaume Dustan y de Amelia Baggs, de Judith Butler y de Dean Spade.


Pero porque os amo, mis iguales valientes, os deseo que vosotros también perdáis la valentía. Os deseo que os falte la fuerza de repetir la norma, que no tengáis la energía de seguir fabricando la identidad, que perdáis la determinación de seguir creyendo que vuestros papeles dicen la verdad sobre vosotros. Y cuando hayáis perdido toda la valentía, locos de cobardía, os deseo que inventéis un manual de uso para vuestros cuerpos. Porque os amo, os deseo débiles y no valientes. Porque es a través de la debilidad que la revolución actúa.

Traducción Paul B. Preciado
Texto compartido del periódico Libération. "Le courage d’être soi" de Paul B. Preciado

viernes

ENTREVISTA A ITZIAR ZIGA:MALDITAS UNA ESTIRPE TRANSFEMINISTA

"Todas mis malditas se identifican como feministas, of course, aunque también luchen en otros frentes. No puedo con el arte por el arte, no puedo. ¡Hasta las lavadoras están construidas desde el género, la clase y la historia colonial!" 
Itziar Ziga. Foto_Diario Gara

En Octubre la editorial Txalaparta publicó "Malditas, una estirpe transfeminista" de nuestra querida Itziar Ziga. Un libro de gestas escrito para negar esa historia única del feminismo en la que las mujeres más oprimidas tienen un papel secundario y pasivo, a remolque casi de las más privilegiadas. Mujeres negras, anarquistas, transexuales, bolleras y pobres de todos los tiempos consagraron su vida a una lucha feminista radical que no solo combatiera la opresión de género, sino todas las opresiones que atravesaron sus vidas.Valerie Solanas, Sojourner Truth, Sylvia Rivera, Louise Michel, Annie Sprinkle, Olympe de Gouges, Kathleen Hanna y Laura Bugalho pertenecen a una estirpe bastarda, dispersa y guerrera que Itziar Ziga ha querido agrupar, analizar y conjurar para reproducir una genealogía política y emocional que empodere a las actuales guerreras y malditas.
Portada del libro "Malditas: Una estirpe transfeminista"

Se han publicado diversos libros sobre bio-mujeres ensalzando su heroísmo y sus ansias de igualdad . ¿Que diferencias crees que existen entre tu grupo de pioneras y esas otras biografías? ¿Crees que hacía falta mirarlas desde otro punto de vista?
Toda visibilización y encumbramiento de ídolas feministas me fascina, yo sólo quiero sumar. Pero las mías por algo será, por mis perversas preferencias y orígenes será, que me han salido nada más y nada más que: lesbiana homicida, esclava autoliberta, travesti amatxo, anarquista irreductible, diosa del porno, bastarda guillotinada, punk justiciera y Laura Bugalho. ¡Qué decir de esta última! Amiga a la que entrevisté en su/nuestra Galiza Nación Queer. Mujer transexual feminista, anticapitalista y poscolonial hasta la médula. Lleva décadas protegiendo desde su insurgente y eficaz ternura a las gentes más vulnerabilizadas. Su sindicalismo radical es tan letal para el sistema que han tramado un montaje policial y judicial para neutralizarla. Pero Laura es inmensa, irreductible. Como decía Emma Goldman sobre Louise Michel, “representa un tipo nuevo de mujer que es sin embargo antigua como la raza humana”. Así son mis malditas. Y como Elena-Urko me hizo ver, todas ellas fueron carne de calabozo. Malditas, ¡requetemalditas! Y tan poco valoradas en la historia única del feminismo que nos han tratado de vender. De mi rabia constructiva nace este libro. 

Dice Angela Davis, respecto a cómo pensamos sobre los movimientos del pasado: "Animo a la gente a mirar más allá de las heroicas figuras masculinas. Si bien Martin Luther King es alguien a quien reverencio, no me gusta dejar que lo que representa borre las aportaciones de la gente corriente. El boicot de los autobuses de Montgomery en 1955 tuvo éxito porque hubo mujeres negras, trabajadoras domésticas, que se negaron a tomar el autobús. ¿Dónde estaríamos hoy si no hubieran actuado así?", ¿Podemos decir que este libro es una reivindicación, un tributo a algunas de las pioneras silenciadas o dulcificadas por la historia única?
Así es. ¿Cuántas mujeres encumbra la historia de la izquierda? No demasiadas. ¿Y qué mujeres son rememoradas por cierta historia del feminismo que ha terminado imponiéndose? Preguntadle a Amelia Valcárcel sobre Sylvia Rivera, esa travesti callejera puta yonky portorriqueña curtida en todas las batallas que se partió la cara contra la policía la noche de los disturbios de Stonewall para que gays, lesbianas y transexuales ganáramos la posibilidad de existir en el régimen heterofascista que se impuso en los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Olympe de Gouges, la más ilustre de mis malditas, ha sido sin embargo aburguesada y blanqueada por esa misma historia falseada, lineal y progresiva que trata de convencernos de que fueron siempre las más privilegiadas quienes emprendieron las luchas de liberación para todas las mujeres y por tanto les debemos pleitesía. Silenciar desde posiciones aventajadas de producción de discurso las insurgencias de las más oprimidas refuerza todas las hegemonías y jerarquiza aún más a las mujeres. Este libro es mi aportación para reescribir la prodigiosa, multitudinaria y empoderante historia del feminismo occidental, al que pertenezco.  

Defínenos a tus pioneras con una frase.
Valerie Solanas, la rabia creativa de una rata de alcantarilla.
Sojourner Truth, el coraje justiciero de una esclava autoliberta.
Sylvia Rivera, la amatxo transexual de las desamparadas.
Louise Michel, detonando revoluciones a su paso.
Annie Sprinkle, sanar este mundo con la fuerza de su coño .
Olympe de Gouges, antes muerta que callada.
Kathleen Hanna, el terror de los machos alternativos.
Laura Bugalho, combatiendo todas las opresiones sin prioridades y sin renuncias.

Como comenta Beatriz Preciado:"Alguien dijo una vez que toda revolución necesita reinventar sus propios mitos", ¿crees que tus libros Devenir Perra,Sexual Herria,Glamur i resistencia y ahora este constituyen una firme intención de obsequiarnos con un buen numero de mitos y divinades a lxs que admirar, de lxs que podamos sentirnos fieles devotas?
Jajajaja, yo soy muy mitificadora, supongo que como exaltada atea con tendencias satánicas he ido eligiendo mis propias ídolas a quienes adorar, aunque no a lo tonto. Las ocho malditas a las que he retratado son mujeres de acción cuya irrenunciable pasión libertadora ha magnificado nuestras posibilidades de ser dichosas en este mundo construido contra nosotras. Y cuanto más las investigaba, más me enamoraba de ellas.

¿Que te han parecido las recientes declaraciones de Marina Abrahamovic: "No creo en el feminismo, sino en los buenos y malos artistas"?
¡Qué agustito están algunas solas en la cumbre, es decir, sin otras mujeres cerca! 
Sus palabras -que son mucho más bestias, afirma que odia el feminismo-, me dolieron porque siempre hemos leído su obra como hechizos que nos liberan de la opresión sexista. No entiendo como una mujer tan inteligente y luchadora dice semejante sarta de estupideces sobre el feminismo, las mismas que te repiten todos los idiotas de este galaxia. Bueno, lo peor es que sí lo entiendo, aunque no me lo esperaba de ella. También me llevé un soponcio porque descubrí estas declaraciones suyas cuando estaba a punto de incluirla en mi libro. Todas mis malditas se identifican como feministas, of course, aunque también luchen en otros frentes. No puedo con el arte por el arte, no puedo. ¡Hasta las lavadoras están construidas desde el género, la clase y la historia colonial! 

Bueno, Itziar esperamos que vendas muchos libros, que te forres y puedas hacer tu ansiada gira por Soria y de paso pasarte por Alacant,  y que nos escribas pronto otro artículo para Parole de Queer.¡Ya sabes que somos devotas!
Esperando como loca a que volváis a llevarme a esa ciudad que es tan kinki como yo. 


Itziar Ziga fue educada en un colegio público de un barrio obrero de Rentería en los años ochenta, después en un instituto (también público) infectado por el Opus en Iruñea, se licenció en Periodismo por una universidad donde volaban las sillas por las ventanas contra los antidisturbios invitados por el rector de turno. Hija de su madre, de las calles y del feminismo; y de repente, gogó. Ha publicado los ensayos Devenir Perra, Un zulo propio (Melusina, 2009) y Sexual Herria (Txalaparta, 2011). 

Y colaboradora de la revista Parole de queer, con su sección "Dra. Ziga: experta en putología y perróloga".


Entrevista a IDEA DESTROYING MUROS

"nuestra perspectiva hacia la sexualidad se sitúa en relación al contexto europeo blanco, donde las mujeres y los hombres se pueden considerar como sujetos que gozan de privilegios blancos masculinos. mientras que quien viene de los estes y los sures del mundo está sujeto a diferentes formas de feminización. por lo tanto, la creación de nuestro “ser mujeres” implica entrar en relación con estos procesos de feminización y entender cómo nos atraviesan. respecto a la piel negra, el acento extracomunitario y nuestros recursos económicos, vivimos situaciones que nos masculinizan."


ideadestroyingmuros* es un colectivo que se forma en 2005 en venecia, y hoy reside en valencia. El grupo se explica a partir de sus propias coordenadas geopolíticas y desplazamientos. en la actualidad, embisten desde valencia, trenzando redes de afectos y solidaridad. archipiélagos en lucha es una instalación de tres islas de tela suspendidas en un patio y unidas por trenzas realizadas con vestidos de mujer de segunda mano. es su último proyecto, expuesto en el centre d’études féminine et de genre de paris.

¿en qué consiste vuestra propuesta?
  
el archipiélago es la mejor manera que hemos encontrado para representar la geografía de nuestras relaciones. crecer en occidente no nos ha permitido tener ejemplos positivos de vida colectiva. nuestras experiencias personales dependen del modelo de familia patriarcal extensa, de los valores de la izquierda, de las micropolíticas étnicas de derecha, de la pertenencia a clases sociales pobres y de comunidades relacionadas con la migración italiana. son experiencias sometidas a procesos de integración orientados al consumo y al individualismo. se trata de situaciones en las que nuestra imaginación de vida colectiva, hoy, ya no coincide.
no somos islas, sino que habitamos las islas. más allá de la metáfora, han sido nuestros lugares de nacimiento y fuga. así que el archipiélago no representa para nosotras un proyecto, sino un trabajo algo más complejo: vivimos en keurgumag (casa grande, en wolof), tres pisos vecinos y dos satélites donde idiomas, ollas, vasos, mantas y almohadas se mueven constantemente. todas las noches cenamos juntos como un ritual de cuidado. estamos tratando de crear formas económicas compartidas, abandonamos la idea del “éxito individual”, nos comprometemos con y para las demás, y si se encuentra algo, es para todas. y gracias a todas. entre nosotras hay un intercambio de prácticas, herramientas y errores, que son lo que nos permite aprender.
"crecer en occidente no nos ha permitido tener ejemplos positivos de vida colectiva"

el concepto del “post-exótico” habla de estas relaciones: tránsito/residencia, pureza/contaminación, salvaje/civilizado, centro/periferia... ¿es posible pensar en ello desde esta visión de las dicotomías? ¿no se reconfiguran entre ellas?consideramos lo postexótico como una categoría cultural y económica, una idea para orientar las transformaciones de nuestras vidas.
respecto a tu pregunta, sería lo exótico lo que se construye a partir de dicotomías. lo postexótico no nace desde una oposición frontal. en cierto sentido propone una visión diferente de la frontera. en el continente, la frontera vive una dualidad que la isla, al tener como relación fronteriza aquella entre tierra y mar –o sea entre universos no homogéneos–, no tiene.
de hecho, en esta lista que aparentemente parece ser binaria, lo que se atribuye a lo postexótico no se opone a lo exótico, sino que determina un desplazamiento de visión del mundo.
la isla es exótica
el archipiélago es postexótico
el erótico es exótico
el amor es postexótico
el retraso es exótico
el tiempo es postexótico
el fatalismo es exótico
la responsabilidad es postexótica
el dinero es exótico
el valor es postexótico
los salvajes son exóticos
ser selváticas es postexótico
sufrir es exótico
resistir es postexótico
escapar es exótico
ponerse a salvo es postexótico
la transparencia es exótica
la intensidad es postexótica
yo soy exótica
nosotras somos postexóticas

se ha establecido un vínculo importante entre vuestro colectivo y la comunidad baye fall (mourides senegaleses) de valencia. en vuestros encuentros cotidianos, entre culturas heterogéneas, ¿cómo se reelabora vuestra conciencia feminista y la relación con los movimientos de lesbianas, gais, trans, bisexuales, queer e intersex (lgtbqi)?
 
occidente nos ofrece una realidad libre. esta idea es una ilusión que hace coincidir la libertad con el liberalismo construyendo relaciones superficiales, poco honestas y que empujan en pensar que todo es fácil y sustituible.
gracias a la cercanía de nuestros amigos senegaleses baye fall, tenemos la posibilidad de cuestionar nuestros privilegios y nuestras prácticas de vida y de lucha. a principios de 1900, el bayefallismo se organizó como comunidad espiritual en resistencia a la colonización francesa en senegal. en la diáspora que hoy en día los ve migrar, esta fe los mantiene unidos en las distancias y evita incorporar los valores occidentales.
nuestra perspectiva hacia la sexualidad se sitúa en relación al contexto europeo blanco, donde las mujeres y los hombres se pueden considerar como sujetos que gozan de privilegios blancos masculinos. mientras que quien viene de los estes y los sures del mundo está sujeto a diferentes formas de feminización. por lo tanto, la creación de nuestro “ser mujeres” implica entrar en relación con estos procesos de feminización y entender cómo nos atraviesan. respecto a la piel negra, el acento extracomunitario y nuestros recursos económicos, vivimos situaciones que nos masculinizan.
consideramos el blanco y negro como colores reales pero que, representando historias de opresión y resistencia, tienen la fuerza de abrir nuevos imaginarios. en nuestras prácticas cotidianas y artísticas, el “blanco” representa sobre todo una propuesta global de un proceso de blanqueamiento que este sistema trata de imponer a todas las personas subalternas, por medio de la integración cultural y económica en este modelo de desarrollo. en este contexto, el negro se convierte en uno de los colores que nos ayudan a redefinir nuestras historias en contra de esta tendencia. 


* las entrevistadas reivindican el espacio de las minúsculas “como señal de un devenir minoritario posible que empieza a partir de la estética de la frase”.

Entrevista compartida del Periódico Diagonal, publicada el 27 de Noviembre de 2014.

miércoles

Entrevista a JUDITH BUTLER


El eco de los bombos de los muchachos de Hugo Moyano, concentrados por la “Marcha del trabajo”, llega hasta el hotel de la calle Bolívar, a metros de la Plaza de Mayo, donde se hospeda Judith Butler, militante feminista y filósofa post-estructuralista audaz que abreva en las aguas del psicoanálisis, la antropología y la teoría literaria. El escenario parece el más apropiado para charlar sobre su último libro, ¿Quién le canta al Estado-Nación? (Paidós, 2009), prologado por Eduardo Grüner, que reproduce el diálogo que mantuvo Butler con Gayatri Chakravorty Spivak, una intelectual india que se define a sí misma como marxista-feminista-deconstructivista. La filósofa norteamericana, consciente de que estamos sujetos a las palabras, pone en cuestión la pretendida unidad de ese invento moderno llamado Estado-Nación. Siguiendo en parte la estela dejada por Hannah Arendt, en las páginas del libro plantea que desde el momento en que el Estado puede ser aquello que expulsa y suspende modos de protección legal y deberes, puede ser en sí mismo una causa de malestar.
Referente en los estudios de género a partir de títulos como El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad (1990) y Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo (1993), libros que describen lo que hoy se conoce como teoría Queer, Butler cuenta que votó a Obama, pero con la lucidez que la caracteriza confiesa que no estaba enamorada de él como todo el mundo. “Mi hijo tiene 14 años y todos los compañeros de su clase eran pro Obama –recuerda Butler–. Así que finalmente me dije que le iba a dar el voto a mi hijo y a su generación. No había otra persona a quien votar. Antes de que fuera electo como presidente, en California se debatió el casamiento gay, pero Obama no se mostró a favor del matrimonio y no dijo nada. Cuando Israel ataca Gaza, Obama no dice nada. ¿Por qué no dice nada? Tengo mis dificultades para comprender algunos silencios de Obama, pero al mismo tiempo estoy muy contenta; es mucho mejor que cualquier otro presidente que he visto en mi vida”, admite la filósofa estadounidense.
¿Qué opina ahora a la luz de esta crisis financiera internacional de lo que está ocurriendo con el rol del Estado y su revalorización?
Aunque esta crisis viene de antes, es cierto que el rol del Estado se está consolidando a medida que la gente le pide que regule la economía para castigar la avaricia corporativa y para asegurarse de que la riqueza económica sea distribuida más justamente. Por un lado se escucha que algunos plantean un debate: ¿está volviendo el socialismo a los países capitalistas?, ¿es el socialismo un concepto todavía viable?, que se traduce en un problema para la izquierda porque en los últimos años consideró al Estado como instrumento de guerra y de explotación. Ahora, aparentemente, tenemos que tomar en serio al Estado como un instrumento posible de justicia, de igualdad, que puede garantizar que las personas más precarizadas tengan derecho a la salud, al empleo y a la seguridad que necesitan. Esto está provocando una crisis en la izquierda, después de haber criticado durante tantas décadas al Estado.
¿La crisis obliga a revisar el concepto que la izquierda tiene del Estado pero también el sentido de la palabra pertenencia?
Sí, porque si no entramos en las políticas del Estado lo van a hacer otros, y no vamos a tener ninguna influencia sobre la redistribución. En el libro señalo que en una manifestación de inmigrantes ilegales hispanos en California y en Los Angeles, la mayoría mexicanos pero no todos, bajo la consigna “Nosotros también somos Norteamérica” cantaron el himno estadounidense en castellano junto con el himno de México. La izquierda estadounidense les pedía que no cantaran el himno nacional, “no queremos un amor al país, sólo los conservadores cantan el himno nacional”. De pronto parecía que los inmigrantes ilegales se alineaban con un sentimiento conservador. Los conservadores al mismo tiempo se quejaban y decían que no tenían que cantar el himno en castellano sino en inglés. La mayoría exigía que se cantara el himno en el idioma obligatorio de los Estados Unidos. Esto nos obligó a preguntarnos si los inmigrantes ilegales estaban del lado de la izquierda o de la derecha. Lo que nos decían a todos era: “tenemos este derecho de cantar el himno a pesar de que todavía no nos dieron ese derecho”. Esto me pareció muy radical. Reclamar el ejercicio de la libertad que sólo corresponde a la ciudadanía es hacer ejercicio de esa libertad en forma incipiente: comienza por apropiarse de aquello que se pide.
Butler cuenta que todos los sindicatos norteamericanos apoyaron la legalización de los inmigrantes ilegales, cuando ella esperaba que se opusieran. “Las cosas están cambiando de un modo que me está sorprendiendo. Hace siete años la mayoría de los estadounidenses estaban a favor de la tortura y contra la legalización de inmigrantes; eran muy nacionalistas y con visiones muy acotadas y racistas. Pero ahora tenemos un presidente negro, tenemos una mayoría que abiertamente se opone a la tortura y no quiere verse como un país que priva a la gente de derechos como la salud o un trabajo decente. Me parece que ha habido un cambio muy interesante, pero soy muy cuidadosamente optimista –subraya–. Cuando Obama da dinero, se lo da a los bancos. Básicamente la fórmula sigue siendo la de un capitalismo estándar: se les da dinero a los bancos, pero no hay asistencia directa a la gente que está en condiciones precarias.”
¿Por qué rechaza que el Estado pueda producir un sentido de pertenencia?
Ha habido muchas críticas al Estado-Nación que representa a un pueblo solo, a una nación única. Siempre hay parte de una población que no se considera parte de la nación. Hannah Arendt, en la década del ’50, analizó cómo el Estado-Nación producía expulsados. Si la Nación tiene que poder estar unificada pero ser multicultural, multilingüística y multirracial, la única manera de reproducir su existencia es con estrategias de expulsión o encarcelación. La pregunta que nos tenemos que hacer es quién está incluido en la pluralidad. Porque hay gente que no es parte de la ciudadanía. La única forma en que el Estado puede garantizar la pertenencia es asegurando la multiculturalidad, pero tiene una estructura que no puede producir ese sentimiento de pertenencia. Tiene que ordenar la vida religiosa, la educación, la familia, la salud; ésa es la forma del Estado de producir pertenencia. Por ejemplo, en cuanto a los bienes de consumo, comprar ropa de Calvin Klein es una señal de ciudadanía. Lo interesante es que el Estado nunca tiene éxito cuando trata de decidir los términos de pertenencia. Hay un espacio público donde se juegan distintos aspectos del sentido de pertenencia que nos muestra que la pertenencia no adopta una forma única. A través de la legalización de inmigrantes y la educación, al Estado le gustaría producir una idea uniforme de pertenencia, pero no tiene el poder de ir contra el idioma y la herencia de esos inmigrantes. Me parece que el idioma y la herencia son buenas tensiones que limitan el poder del Estado.
¿Lo dice por experiencia personal?
Yo vengo de una familia judía que quería asimilarse a los Estados Unidos en la década del ’30. Mi abuelo proyectaba películas de las estrellas de Hollywood. Mi abuela y todas sus amigas iban al cine y veían cómo era ser estadounidense mirando a las actrices de Hollywood. Yo pertenecía a la comunidad judía pero además trataba de entender la dificultad de la asimilación. Pertenecía a comunidades lesbianas y gays, pero también tenía dificultades con ellos. Siempre estoy en una posición de identificarme y desindentificarme con las comunidades a las que pertenezco. Y lo mismo me pasa con la izquierda política.
¿Qué reparos tiene respecto de las demandas que plantean los movimientos de lesbianas y gays?
Tenemos que incluir a tantas personas como podamos en la guerra contra la homofobia. Pero muchos de mis compañeros de lucha sólo se basan en un único tema: el matrimonio gay. Si el matrimonio existe, cualquier homosexual tendría que participar en la institución. Pero al mismo tiempo me pregunto por qué nos ocupamos tanto de esa institución y por qué no hablamos de la violencia que padecen los transexuales. También tenemos que pensar en redes sociales para los enfermos, para los jóvenes. A veces el entusiasmo hacia el tema del matrimonio nos priva de otras obligaciones. Es irónico que estemos luchando para ser parte de una institución como el matrimonio, que por todos lados se está desmoronando. El matrimonio es un derecho importante, voto a favor (levanta la mano), pero nunca me movilizaría a favor.

Entrevista compartida de Página 12. Publicada el 2 de Mayo de 2009.