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lunes

¿QUÉ HAY ENTRE 10 KG DE PESCADO Y UNA LAMIDA? por FER GUAGLIANONE



Acción duracional. Tiempo aproximado: 3 hs.
Materiales utilizados en la acción: un sillón, 2 cajones de madera que fueron utilizados para la transportación y venta de  pescado recuperados en la pescadería de mi barrio; un vidrio impreso, pantys de red, impresos en papel con el texto de la acción que serán dispuestos alrededor de los cajones.

ENTRE PLACER Y REPUGNANCIA: LOS RESTOS DE UN CADÁVER COMO PREGUNTA
"Lo que  no tiene nombre, lo que no se representa con imágenes… lo que erróneamente recibe un nombre que no le corresponde, lo que resulta difícil de encontrar, lo que queda enterrado en la memoria por el colapso de significado debido al lenguaje insuficiente o mentiroso se convertirá, no solo en lo innombrado, sino en lo innombrable" Adrienne Rich


Un cuerpo lesbiano desnudo sobre el sillón, con las piernas separadas y los pies apoyados 
uno sobre cada cajón. La invitación al público consiste en la realización de un cunnilingus  
a través de un vidrio sostenido sobre mi vagina. Los cajones pestilentes ahuyentan 
al público que se resiste a acercarse a una atmósfera contaminada por el intenso olor 
a peces muertos, lo que vuelve complejo permanecer en el lugar. 
Chupar una vagina interpuesta por una pregunta: 
¿qué hay entre 10 kg de pescado y una lamida?
La acción es una intervención en el marco de un festival posporno donde pululan imágenes que habilitan a pensar deseos abyectos, construcciones sexopolíticas disidentes, artefactos, juguetes sexuales, mucho cuero, plástico, látex, tachas, y elementos que muchas veces no cuestionamos el proceso de fabricación, qué tipo de  explotación y tortura implican que esas texturas “nos excite”, es decir “qué hay entre” la producción de ciertas materialidades y texturas1 y los placeres.

Ese “entre” se convierte en la preposición analítica central de la acción, como zona de tráfico, contaminación, pasaje, conexión y desidentificación. Siguiendo el concepto de feminismos excrementicios (flores, 2018) que operan con los desechos de los movimientos mainstream asimilacionistas, la acción buscó poner énfasis en el factor sensorial del olfato, ya que es un sentido marginalizado ante la visión. El entre pivotea aquí con los restos,  la repugnancia, el deseo, las prácticas sexuales y las políticas imperialistas de “lo que se come” (Sheller citada en Ahmed, 2015), poniendo en evidencia la relación de proximidad de los cuerpos entre repugnancia y deseo, una relación que la acción misma deja en estado de suspenso e incertidumbre sin expectativa de resolución hacia alguno de esos sentimientos. 


Un acto sexual entre medio de. Pensar acerca de las políticas del gusto ¿Cuáles son los deseos/sabores que no se cuestionan? ¿Las tortilleras comemos pescado porque sabe a vagina?¿qué nos hace tortilleras cuando comemos, nos vestimos, vamos al super? ¿por qué nuestro cuerpo es político y los otros cuerpos no humanos parecieran estar por fuera de lo político? ¿si el placer de la disidencia es individual, quienes son los individuos que no contemplamos en nuestros placeres? ¿Cuál es la jerarquía de violencia entre las carnes rojas y blancas? ¿acaso el color de la sangre es un indicador de empatía? ¿No hay quizá un silenciamiento acerca de lo que puede/debe o no puede/debe ser producto para consumo? ¿Qué esconde la idea de alimentación, salud, bienestar? ¿qué lugar ocupan los animales no humanos en la “pornofábrica”? ¿por qué la celebración feminista queer omite en sus platos la opresión, muerte, hacinamiento de otras especies? ¿Qué discursos/sentidos se niegan comiendo muertos? ¿Qué reflexionamos frente a un trozo de queso cortado en cuadraditos perfectamente decorados en el lobby de un hotel en el intervalo de un congreso internacional sobre sexualidad, género, economía feminista? Si el privilegio es un dispositivo de ahorro de energía mediante el cual no hay afectación y preguntas, tal como dice Ahmed, ¿qué significa el argumento “Es elitista  pensar tu alimento/tu consumo”? ¿Cuántos muertos entre panes se venden en la celebración del orgullo? ¿qué (más) dice el cartel del ni una menos que lleva la lesbiana activista en una mano y un choripán en la otra?


Disidencia alimentaria y práctica artística: el gusto de incomodar 
La disidencia también es alimentaria y de consumo porque las disidencias son infinitos modos de vida para protegernos/cuestionar/disfrutar el mundo. Pero si a mi “cuerpo político” no le hago preguntas acerca de “lo natural” del comer, consumir  e ignorar, ¿sigue siendo disidente? “Yo no puedo…; A mí me encanta…; sólo como pescado…; yo no compro en Zara; Pero es riquísimo!... me lo hacía mi abuela; comer… es parte de mi educación/lo traigo de la cuna; el cuero dura más; la verdura no me llena; un bife cada 15 días no cambia nada; yo no puedo todo, ya soy lesbiana chonga y trans más no puedo;  hacerle un lechoncito a la parrilla a mi novia me endurece el clítoris”.
Las disidencias son prácticas e imágenes. Es una responsabilidad visual intervenir entre/sobre las imágenes que nos construyen. ¿Qué comen/visten/huelen/compran nuestros devenires monstruos? ¿Cuáles son las especies compañeras? Desde lo visual, crear estereotipias supone una normalización en las imágenes, volviéndolas incuestionables y cerradas, y portadoras de silencios visuales.  Fugarse de la construcción de estereotipias es una invitación a la activación crítica de imágenes circulantes  y a la invención de universos visuales posibles que nos inciten más y más preguntas. Se trata de recuperar el poder de las imágenes artísticas y no artísticas como productoras poéticas/políticas para diseñar mundos sin respuestas fijas. Desde mi posicionamiento como tortillera feminista activista sexual artista visual antiespecista, encuentro esta interseccionalidad una acción urgente
Tanto la jerarquía sexual y antropocéntrica son parte de la misma máquina de producción de cuerpos. Reconocer mis privilegios humanos es de algún modo romper los binarismos de especie, sortear las jerarquías que nos posicionan entre humano/nohumano, buenas/malas, de compañía/para consumo, perversas/normales, fugarse de la especie, como acto de justicia interespecie donde ver, oler, vestir, comer y consumir son ante todo una posibilidad ética de vivir en mundos fronterizos rechazando las lógicas imperantes del gusto, placer, sexo y género. Las prácticas artísticas nos dan la posibilidad de poner lo político en acto, de romper los silencios de las imágenes, de cuestionar  los borramientos  producidos por el cisheteroantropocapitalismo. En la misma línea, la posición prosexo es indispensable a la hora de construir un discurso activista antiespecista, dado que la hegemonía abolicionista del trabajo sexual, asistencialista, proteccionista y  rescatista se aplica como una relación que está dada a priori. Estos posicionamientos victimistas y paternalistas provocan que lxs sujetxs tanto humanos como no humanos pierdan voz, visibilidad, derechos y autonomía. El trabajo sexual es trabajo. El trabajo implica explotación y los animales junto a las trabajadoras sexuales son lxs trabajadorxs ultrapauperrizados de la sociedad capitalista 2. Y dentro de los animales, los peces no son considerados por el discurso cárnico como animales (ni sangre roja, ni medio de vida). Y dentro de las trabajadoras sexuales, las migrantes y las racializadas están en el borde de lo humano 3 (ni voz, ni autonomía, ni decisión) ¿será entonces  tarea del antiespecismo feminista dislocar y estallar todo discurso que nos  haga “más humanos” y  menos libres?
Tal vez no se trate de estadísticas ni de contar muertos, sino de ver/mirar/construir desde nuestra práctica y sensibilidad artística y activista, imágenes como preguntas entre los silencios.


Fer Guaglianone. Activista manipuladora visual sudaca transfeminista prosexo performer tortillera antiespecista.

1 Ver proyecto de taller colectivo ”texturas íntimas, afectos públicos, archivos fugaces de las disidencias”, coordinado  junto a val flores en Hangar, Barcelona en el marco del ciclo “sureando el cuerpo”, diciembre de 2017
2 Auténticos territorios productores de materias primas farmacológicas, cuerpos de ensayo clínico y de consumo por parte de las industrias agroalimenticias. Paul b. Preciado. Testo Yonqui. 
3 Lxs trabajadorxs de los mataderos son en su mayoría migrantes y personas racializadas, donde deben despedazar cuerpos en excesivas jornadas laborales con ambientes de extremo stress y muerte, expuestos a riesgos operativos irreparables. Pero de esto en el feminismo no se habla, ¿será porque son trabajos en los que solo aceptan varones?


Bibliografía

Ahmed, S (2015) La política cultural de las emociones. México: Programa Universitario de estudios de género. Universidad Nacional Autónoma de México.

Carrera, L.; Di paoli A, Guaglianone, F. (2014) Co(´)mo esas otras cosas. Fanzine colectivo antiespecismo y disidencias sexuales. La Plata. Argentina. Disponible en:  https://issuu.com/comoesasotrascosas/docs/_comoestasotrascosas

flores,v (2018) La pregunta como sabotaje epistémico. Texto presentado en la PRE-CONFERENCIA  CLACSO 2018 - Pensamiento(s) del Sur: miradas epistémicas descentradas, en diálogo y en fuga. Jornadas de diálogo y discusión interinstitucional. 23 y 24 de agosto de 2018. Ciudad Universitaria, Universidad Nacional de Córdoba.Argentina. Disponible en: https://escritoshereticos.blogspot.com/2018/08/la-pregunta-como-sabotaje-epistemico.html?q=excrementicios 
Preciado, P. B. (2008) Testo Yonqui, Madrid: Espasa Calpe.



Este artículo ha sido publicado en el nuevo Parole de Queer-AntiespecistaDiciembre 2019. Otros artículos escritos para este nuevo Parole de Queer:

-Volverse más queer por Pattrice Jones


-Travestismo animal. Apuntes sobre la huída humana por Analú Laferas y Val Trujillo R.



-Animal Queer por Txus García

-Xenozoopolis: Solidaridad contra natura por Catia Faria