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ENTREVISTA A JUDIT DEL RÍO y a LAYLA MARTÍNEZ traductoras de STONE BUTCH BLUES. Por PAROLE DE QUEER

"Stone Butch Blues" de Leslie Feinberg

Este año se cumplen 28 años de la publicación de Stone Butch Blues de Leslie Feinberg. Novela de culto en la comunidad LGTBI de todo el mundo y que ahora gracias a la magnífica traducción de Judit del Río y Layla Martínez llega al estado español de la mano de Antipersona. ¿Por qué creéis que hemos tenido que esperar 28 años a tener este referente del movimiento LGTBI en nuestras manos?

Judit del Río: Supongo que las condiciones de publicación, que son muy estrictas y muy claras en cuanto al carácter no lucrativo de la misma, no son un aliciente... Como alguien que está al otro lado de la maquinaria editorial –como lectora, como traductora, pero no como editora– no entiendo del todo lo que conlleva el acto de publicar, aunque sí puedo imaginar que plantearse asumir los costes siendo una editorial pequeña e independiente es correr un riesgo, y hacerlo siendo una macrocasa editorial simplemente no interesa por temática. Creo que nunca dejaré de estar agradecida a Antipersona por recoger la idea y ver la importancia de llevarla a cabo en estas condiciones. 


¿Qué ha supuesto la traducción y la publicación de esta novela para vosotras?

J: Bueno, ¡personalmente muchas cosas! Leí por primera vez el libro hace algunos años en un contexto universitario. Aquella lectura fue lo que me abrió las puertas a otras posibilidades de ser que por aquel entonces ni me planteaba. Cuestiones sobre los tipos de feminidad, sobre qué es ser mujer, sobre la legitimidad de no sentirse mujer aunque parezcas una mujer, sobre que no es malo no ser una mujer… Aunque ahora me parecen cosas obvias, porque tenemos la inmensa suerte de que muchas personas hablan en público de su experiencia y generan el espacio para sentirse en comunidad, en su momento fue algo rompedor para mí. Así que imagínate… Para mí es al mismo tiempo una suerte haberlo podido traducir, un reto, y una responsabilidad.

Layla Martínez: Buf, yo ha sido el único libro con el que he llorado mientras hacía la traducción. Además más de una vez. Lloré cuando me tocó traducir una escena muy dura que hay al principio, que sucede mientras Jess está en el instituto, y luego también al final del todo, ya.

"Stone Butch Blues" de Leslie Feinberg. Traducción Judit del Río y Layla Martínez

El lenguaje está totalmente lleno de marcas de género. ¡Ya veis, nos marcan hasta la lengua nada más nacer! ¿Cómo os enfrentáis a la traducción al castellano de una novela como Stone Butch Blues, escrita en primera persona y donde Feinberg evita utilizar estas marcas de género?

J: Creo que fue una de las primeras cosas que comentamos cuando aun no habíamos empezado a traducir. Recuerdo decirle a Layla: “tendremos que tomar decisiones al respecto de cómo hacer el plural, de si queremos utilizar un neutro directo (en palabras de Ártemis López; vamos, los pronombres acabados en -e)… Éramos súper conscientes de la dificultad que tendría y de la importancia de la decisión que tomáramos (aquí es donde se ve bien eso de traduttore, traditore: no hay elección neutra y desprovista de política). Creo que ambas veíamos algunas cosas muy claras desde el principio, como el valor de mantener términos que hoy nos suenan arcaicos por respetar la inserción histórica de la novela, o el hecho de que el personaje de Jess se refiere a sí misme en femenino prácticamente a lo largo de toda la novela, pese a las transiciones y los cambios –lo que, creo yo, tiene mucho que ver con esa falta de legitimidad, que es tan difícil de conseguir a los ojos del resto–. Sí que querría hacer un reconocimiento público al esfuerzo de Layla, que fue quien hizo el trabajo inmenso de revisión y corrección, y creo que lo hizo de forma extremadamente cuidadosa y respetuosa. 

L: Para mí fue la parte más complicada de la traducción, porque además en castellano hay muchas más marcas de género que en inglés. Por ejemplo, en inglés los adjetivos o los participios no las tienen, pero en su castellano sí en la mayoría de los casos. Además, había ocasiones en las que les personajes usan específicamente palabras que no tienen marcas de género, pero que en castellano sí la tienen. Por ejemplo, hay varies personajes que se refieren a Jess con la palabra kid como apelativo cariñoso. Está claro que conscientemente no están utilizando girl o boy, pero en castellano eso es más complicado. Hemos optado siempre por respetar eso, ahí por ejemplo utilizamos “peque”, que es neutro, pero es una de las cosas que más ha costado. También porque el libro refleja el lenguaje que usaba la comunidad butch, y LGTBQ en general, en los años ochenta y noventa, pero ese lenguaje ha cambiado mucho con el tiempo. Tampoco queríamos traicionar eso y meter términos que fuesen muy actuales, porque la traducción habría quedado extraña y descontextualizada. Por eso por ejemplo el término he-she, que en el libro se usa mucho, lo tradujimos por marimacho, que es algo que aquí está algo más en desuso pero que en los ochenta y noventa era más habitual. Seguramente si Feinberg hubiese escrito el libro ahora habría tomado otras decisiones sobre el uso del neutro, por ejemplo, pero también nos parecía importante que el libro reflejase su época. 


Leslie Feinberg es un referente en los movimientos LGTBI y además militó en los movimientos sindicales y de trabajadores. Estas intersecciones de lucha se reflejan en la novela. Sin embargo, el libro no tuvo la misma repercusión dentro de los movimientos obreros. ¿A qué creéis que se debe esto?

J: Es una pregunta que yo me hago constantemente y creo que la respuesta es clara: LGTBIQfobia, claro. La imposibilidad del “sujeto universal” (hombre, blanco, hetero, cuerdo, de izquierdas incluso) de reconocerse en las vivencias de aquel a quien designa como otro, con toda la violencia que ello implica. 

L. Total, a mí es algo que me da mucha rabia. Es lo que ha dicho Judit, cuando te marcan como el “otro”, ya no puedes ser un referente de los que son el “sujeto”. Ninguno de ellos se va a reconocer en ti ni te va a tener en su genealogía. Es que ni te ven, ni existes, y si por lo que sea se cruzan contigo, no te van a reconocer como uno de los suyos y mucho menos como alguien a quien admirar. 

Leslie Feinberg. Referente en los movimientos LGTBI y militante
en movimientos sindicales y de trabajadores


Otra de las cosas que nos ha llamado la atención y nos parece una novedad dentro de la literatura, es que Feinberg no describe a los personajes. ¿A qué creéis se debe esta decisión?

J: Esta es fácil: le propie Feinberg explica en las notas a la última edición (la que se utilizó para la traducción de Antipersona) que responde a una estrategia consciente de representación. O de no representación, si queremos. Obviamente su identidad, marcada por cómo el resto del mundo leía a su persona, hizo que Feinberg fuera extremadamente consciente de lo que supone imponer la mirada y las expectativas sobre alguien; creo que lo que intentó al no dar características físicas a los personajes fue permitir miradas múltiples, no coercitivas, no estereotipadas. 


Stone Butch Blues, es una contra-crónica del horror que sufrieron (y seguimos sufriendo) la disidencia sexo/afectiva de EEUU en los años 70. Hay ejemplos de una violencia brutal. ¿Es este un libro denuncia de millones de vidas oprimidas y vejadas por el patriarcado?

J: Sí, y no solo de las violencias físicas, de la tortura brutal, de lo más evidente a los ojos. También de violencias más sutiles: del intento de manipulación de los afectos disidentes, de la fiscalización de la masculinidad y la feminidad por parte del statu quo, de cómo las corrientes tránsfobas operaban ya en el siglo pasado e intentaban imponer su manera restrictiva de ser y de hacer, de las violencias psicológicas familiares y en el seno de las relaciones interpersonales… Además, claro, del paisaje de miseria que nos dejan el capitalismo y el racismo. 

L. Totalmente. Además es lo que dice Judit, hay escenas de una violencia física y directa brutal, pero también muchas otras que quizá pasan más desapercibidas para quien no las sufre pero que son cotidianas y constantes y también enormemente crueles. Por ejemplo, las miradas y los comentarios por lo bajo sobre el género y la expresión de género. Cómo Jess tiene que enfrentarse constantemente y desde que apenas tiene ocho o nueve años a miradas no solo de asco y desprecio, sino también interrogativas, de gente que se cree con derecho a violentarla de esa forma. El constante “¿qué eres, un chico o una chica?” al que someten a Jess desde pequeña, por supuesto no desde la curiosidad o el deseo de conocer a esa persona, sino desde la violencia de la normalidad y la normatividad. Tienes que ser una cosa u otra y tienes que tener la expresión de género y obedecer los mandatos de género que la sociedad les ha asignado a cada uno de ellos. Eso es enormemente violento y la persona que pregunta eso lo hace porque está respaldada por esa violencia social, porque se cree con el derecho a hacerlo. 

 

Por otra parte, Stone Butch Blues es un canto a la solidaridad, a organizar nuestra rabia, a los afectos, a vivir en comunidad, a los cuidados disidentes, a la lucha organizada, a explorar nuestro género. ¿De qué forma podría esta novela orientar la lucha LGTBI del presente? ¿Pueden sus páginas darnos algunas pistas de “no sólo sobrevivir a la pesadilla sino hacer algo con ella”?

J: Creo que pese a las diferencias históricas –entendido “histórico” como económico, sociopolítico, y cultural– el relato de la opresión es transgeneracional, por desgracia… Así que diría que sí. Pero lo digo en el buen sentido: creo que la historia de SBB es alentadora porque no hace un uso gratuito del sufrimiento, sino que lo narra como parte de las vidas de personas que, al final, consiguen resistir mediante el afecto, el cuidado, y la esperanza en la justicia social. 


El deseo de Leslie Feinberg es que la traducción y edición de esta novela debe hacerse sin ánimo no lucrativo. Adquirir este compromiso como editorial es un gran acto de activismo. En caso de que se produzcan beneficios ¿que se hará con ellos?

L: Calculamos el precio del libro físico con la primera edición, que fueron 1000 ejemplares y que se vendieron prácticamente todos en la preventa que hicimos en la web. Ese precio pagaba la impresión, la corrección, la maquetación, el diseño de cubierta y de la postal que regalamos, la traducción, la edición… Todas las personas que participamos ajustamos mucho las tarifas por el tipo de libro que era, aunque creíamos que algo sí había que pagar, ya que todas las tareas llevaron mucho tiempo debido a lo voluminoso que es el libro. Como según la ley del libro, en el Estado español los libros tienen un precio fijo y los descuentos que se pueden hacer están muy tasados (y esto nos parece bien porque creemos que beneficia a las editoriales independientes que no podrían competir con los descuentos que harían los grandes grupos o comercios como Amazon), así que la siguiente tirada daría beneficios porque la imprenta por ejemplo se tiene que seguir pagando pero la corrección o el diseño solo de pagan una vez. Así, hemos decidido dar esos beneficios a colectivos, sindicatos, asambleas y asociaciones que creemos que son acordes a las causas y las ideas que Feinberg defendió a lo largo de su vida, como colectivos LGTBQ combativos, sindicatos de clase, asambleas de personas trans, agrupaciones antirracistas con perspectiva feminista y de clase, etc. Los beneficios los vamos a repartir de dos formas, enviando libros a estos colectivos y a bibliotecas públicas y con donaciones de dinero. De momento estamos todavía en los envíos de libros, hicimos un llamamiento por twitter y vamos enviado los libros a los colectivos que respondieron, además de a bibliotecas de diferentes ciudades. 


¿Nos esperan nuevas traducciones de los libros de Leslie Feinberg?


Esperamos que sí, nos gustaría traducir al menos uno de sus ensayos y otra de sus novelas. Lo malo es que esto ya no depende solo de nosotres, porque el resto de la obra de Feinberg sí tiene derechos. Se encarga de ellos la que fue su última pareja, así que estamos en proceso de negociación y diálogo con ella. Esperemos que para finales de este año podamos traducir más cosas.





"Stone Butch Blues" de Leslie Feinberg. Traducida por Judit del Río y Layla Martínez.


Considerada una obra de culto en la comunidad LGTBQ y una de las novelas más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX, Stone Butch Blues cuenta la historia de Jess Goldberg, una lesbiana butch de clase trabajadora del norte de Estados Unidos. Jess no tiene las cosas fáciles. A todo el mundo parece molestarle su aspecto, su identidad, su expresión de género. Tendrá que enfrentarse a la violencia de la policía, a los insultos de los jefes, a la incomprensión de su familia, a las miradas de asco por la calle; a detenciones, internamientos psiquiátricos, palizas, desprecios, despidos. Tendrá que aprender a vivir con las heridas y las cicatrices y a ser quien es por encima de todo. Y al hacerlo conocerá también el apoyo de la comunidad butch, drag y queer, el calor de la familia elegida, el amor de pareja, la militancia política en sindicatos revolucionarios.

Comprometida, emocionante, dura, tierna y valiente, Stone Butch Blues es la obra más conocida de Leslie Feinberg, que plasmó en ella muchos elementos de su propia biografía. Como Jess, Feinberg sufrió desprecios y odio por su identidad de género y su clase social, pero también luchó contra ellos durante toda su vida. Militante comunista, sindicalista y activista LGTBQ, la edición por primera vez en castellano de su obra más importante coloca a Feinberg en el lugar de referencia que siempre debería haber tenido.

 

BIO

Leslie Feinberg (1949-2014). Procedente de una familia judía de clase trabajadora, Feinberg tuvo que abandonar los estudios y la casa de sus padres cuando solo tenía catorce años. Realizó todo tipo de trabajos en fábricas, imprentas, restaurantes y puertos. Con veinte años comenzó a militar en el Workers World Party, un partido de ideología marxista-leninista al que perteneció toda su vida. Se identificaba como antirracista, lesbiana, transgénero, comunista, judía no creyente y de clase trabajadora. Sus libros, especialmente la novela Stone Butch Blues y el ensayo Transgender Warriors, consideradas obras de culto, sentaron las bases de gran parte de los conceptos y la terminología que se utilizan actualmente en los estudios de género.


Entrevista realizada por Parole de Queer (Irene Sala y Marián Torres)